13/03/2026
Bo, Pacha... hace rato, pero rato eh, que se te recontra asoma la hilacha. Y por más que intentes disfrazarla con un discurso bien peinado, con tecnicismos de oficina y esa retórica de gestor que te encajás cuando te conviene, la cosa se nota, se siente, se huele. Porque acá, en Uruguay, somos unos cuantos que tenemos memoria larga y olfato fino para cuando nos quieren vender humo; más cuando el humo viene con etiqueta de "liberación de paquetes accionarios" y el fuego es el patrimonio de todos.
Vamos por partes, como dice la gente, pero sin perder el norte. ¿Qué significa, en criollo, eso de "liberar paquetes accionarios para pequeños accionistas"? Suena lindo, suena inclusivo, suena a que el laburante del barrio va a poder tener una tajada. Pero la historia, esa que no se borra con gacetillas ni con tuits, nos enseña que cada vez que se abrió la puerta para "democratizar el capital", los que intentaron llevarse el pastel entero fueron los de siempre, los grupos concentrados, los fondos especulativos, los oligopolios que tienen más estudios jurídicos que puestos de trabajo y más contactos en el Directorio que escrúpulos en la conciencia.
Y no es desconfianza al p**o. Acordémonos de los intentos de privatizaciones de los noventa, cuando nos vendieron la película de que "todos íbamos a ser accionistas". Bueno, en parte sí, porque las AFAP son parte de esa joda. ¿Quién garantizaba entonces que los pequeños inversores iban a mantener el control? Nadie. ¿Quiénes buscaban privatizar las empresas públicas entonces? Los mismos que hoy aplauden la propuesta desde la vereda de enfrente.
Porque, seamos francos, cuando Javier García, representante visible de esa oposición que hizo de la privatización su bandera de combate, se muestra entusiasta con tu idea, no es porque de repente se haya convertido en un defensor del pequeño ahorrista uruguayo. Es porque reconoce el mecanismo, porque conoce el guion, porque ya lo vio funcionar en otros actos de esta tragicomedia que parece