02/06/2026
La vida privada de Alfonso Ugarte Vernal (1847-1880) resulta especialmente interesante porque contrasta con la imagen tradicional del héroe militar. En realidad, antes de la guerra era un joven empresario exitoso, miembro de una de las familias más prósperas de Tarapacá e Iquique. Administraba negocios agrícolas, comerciales y salitreros heredados y ampliados junto a su familia. También participaba en instituciones de beneficencia y en la compañía de bomberos de Iquique, lo que revela una temprana vocación de servicio público.
Era un hombre considerablemente rico para los estándares de la época. Su empresa, conocida como Ugarte Zeballos y Compañía, estaba vinculada a actividades comerciales y agrícolas en Tarapacá. Diversos estudios basados en su testamento muestran que poseía propiedades, acciones, bonos y capitales importantes. Esto le habría permitido tranquilamente abandonar el país y proteger sus intereses durante la guerra, como hicieron varios en su misma posición, pero prefirió quedarse.
Esa decisión parece haber sido una combinación de patriotismo, sentido del deber regional y compromiso con su comunidad.
Cuando estalló la guerra en 1879, Ugarte tenía previsto realizar un viaje de negocios a Europa. Sin embargo, suspendió esos planes y permaneció en el país. En lugar de buscar seguridad para su patrimonio, empleó parte de su fortuna para organizar y equipar el Batallón Iquique Nro 1, financiando uniformes, armamento y equipamiento para cientos de voluntarios.
Lo más revelador es que no se limitó a aportar dinero. Podría haber actuado como financista desde la retaguardia, pero decidió asumir personalmente el mando de la unidad y acompañarla en campaña. Por esa razón recibió el grado de coronel.
Uno de los documentos más valiosos para comprender a Ugarte es su testamento, redactado durante la guerra. Los historiadores que lo han estudiado señalan que refleja la conciencia de estar enfrentando un riesgo real de muerte. En él organiza cuidadosamente sus bienes y deja instrucciones para su familia, especialmente para su madre y su hermana. Algunos investigadores interpretan el documento como evidencia de que había asumido la posibilidad de no regresar de la campaña.
A diferencia de otros héroes peruanos de la Guerra del Pacífico que eran militares profesionales, Ugarte era esencialmente un civil. Nunca había hecho carrera en el ejército. Su prestigio provenía de su posición como empresario, dirigente local y ciudadano influyente de Tarapacá. Por ello, su decisión de abandonar una vida acomodada para combatir tuvo un fuerte impacto en la opinión pública peruana de la época.
Para muchos historiadores, el aspecto más extraordinario de Alfonso Ugarte no es la discusión sobre si se lanzó o no desde el Morro de Arica. Lo realmente excepcional es que un hombre joven, rico y con un futuro económico asegurado renunciara voluntariamente a todo ello para financiar un batallón y combatir en primera línea hasta su muerte.