22/02/2023
El tanque vacío...
El mundo entero se detuvo una mañana.
¿Por qué?
Porque el tanque de un niño de 8 años se había quedado vacío.
Los niños habían comenzado su día y yo me estaba preparando para ir al trabajo, cuando noté que mi pequeño estaba parado en el baño, cabizbajo, limpiandose la cara.
Me detuve en la puerta y le pregunté si estaba bien. Alzó la mirada con lágrimas deslizándose por sus mejillas y sacudió lentamente la cabeza. Cuando le pregunté si había pasado algo, volvió a negar con la cabeza.
Así que me senté en el borde de la bañera y lo puse en mi regazo. Le dije que a veces los tanques de nuestro corazón se sienten vacíos y necesitan ser rellenados.
Lloró en mi pecho y lo sostuve fuerte.
Le pregunté si podía sentir mi amor llenándolo.
Asintió levemente y las lágrimas se detuvieron por un momento.
Esperé un minuto más...
"¿Ya te ha llegado a los dedos de los pies?" Le pregunté.
Él negó con la cabeza.
"Vale hombre. Nos tomaremos el tiempo que sea necesario. El trabajo no importa ahora, la escuela tampoco, ahora mismo tú eres lo que importa.
Lo abracé dulcemente y le volví a preguntar:
"¿Y ahora te sientes mejor?"
Asintió con la cabeza
Unos minutos más tarde le pregunté...
-"¿Tu corazón está lleno de amor ahora?"
-"Sí"
Lo miré a los ojos y los ví brillar, estaba lleno hasta el tope y estaba sonriendo.
Su semana estuvo tan ocupada, tan llena de actividades y quehaceres que su pequeña alma estaba simplemente seca.
Puede que ahora ya no tengas 8 años, pero todos, a veces, corremos por la vida con las manos y el alma vacía como él.
Todos podemos y debemos hacer una pausa, de vez en cuando, y tomarnos un momento para volver a llenarnos de aquellas cosas buenas que olvidamos y dejamos pasar.
Texto original: Gilma Osorio
Adaptación: Ricardo JJ Pflücker