06/10/2026
¡MUCHAS GRACIAS, MI QUERIDO DISTRITO DE COLCABAMBA!.
Hoy no hablo yo; hoy habla la fuerza de la dignidad de todo un pueblo. Si les soy completamente sincero, me cuesta encontrar las palabras exactas, porque el corazón me late desbocado y la garganta se me cierra de la emoción. Pero lo que siento este día no es solo alegría: es una gratitud infinita que no me va a caber en el pecho jamás.
Ganamos. Contra todos los pronósticos, contra la corriente, contra quienes nos dijeron una y otra vez que era imposible, hoy estamos aquí. Y no ganamos por contar con grandes recursos ni por tener el camino pavimentado; ganamos porque tuvimos algo que ningún dinero ni ninguna maquinaria política puede comprar: los tuvimos a ustedes, a su fe inquebrantable y a su valentía.
Sé muy bien todo lo que tuvimos que atravesar para llegar a este momento. Vi de cerca el cansancio en sus rostros, los sacrificios, los momentos en que la duda o el miedo intentaron colarse. Vi a las madres salir a caminar bajo el sol, a los jóvenes defender cada voto con el alma, a los adultos mayores esperarnos con una sonrisa y una palabra de aliento cuando todo parecía ponerse más oscuro. En cada mirada, en cada abrazo apretado que me dieron en las calles, encontré el coraje para no rendirme jamás.
Este triunfo no me pertenece a mí; no es la victoria de un candidato ni de un partido. Este triunfo es de cada persona que no se dejó vencer por el desencanto. Es de quienes creyeron que las cosas sí pueden cambiar cuando nos unimos con el corazón limpio y la cabeza en alto.
A quienes no votaron por nosotros, quiero decirles con la mano en el corazón: a partir de este instante, las diferencias quedan atrás. Seré el representante de cada uno de ustedes, sin importar colores ni banderas, porque el dolor, las necesidades y los sueños de nuestra comunidad son los mismos para todos.
El camino que empieza mañana no será fácil, pero si fuimos capaces de vencer la adversidad para llegar hasta aquí, no hay gigante que no podamos mover si seguimos caminando juntos. No les prometo milagros de la noche a la mañana, pero sí les juro por lo más sagrado, mirándolos a los ojos, que no los voy a defraudar. Trabajaré sin descanso, dejándolo todo por ustedes, cada único día.
Gracias por no soltarme la mano. Gracias por devolverme la fe en que la verdad y la esperanza siempre encuentran su camino.
¡Que viva nuestra gente! ¡Muchas gracias de todo corazón!
Atentamente:
Marciano Ortiz Soriano.