15/05/2026
Los portales de Texcoco en 1972: fotografía etnográfica, memoria urbana y vida cotidiana
Hace algunos meses, buscando fotografías antiguas de Texcoco casi como una forma de entretenimiento, descubrí el trabajo de Joy Hendry. Desde entonces he intentado investigar más sobre su paso por Texcoco durante 1972: si realizaba trabajo de campo formal, observación preliminar para algún proyecto antropológico o simplemente registros visuales de la vida cotidiana. Lo cierto es que varias de sus imágenes permiten observar escenas del centro de Texcoco, de la sierra, de Chiconcuac y de otros espacios regionales desde una perspectiva profundamente etnográfica.
Esta fotografía, tomada bajo los arcos norte de los portales del centro de Texcoco —sobre la actual calle Colón— constituye un extraordinario documento histórico de la vida urbana y comercial de principios de la década de 1970.
La imagen captura algo aparentemente cotidiano: personas comiendo bajo los portales. Sin embargo, precisamente ahí radica su riqueza antropológica. La fotografía etnográfica no solamente registra edificios o personas; documenta relaciones sociales, prácticas culturales, usos del espacio y formas de convivencia.
Como explican Pablo Hermansen y Roberto Fernández-Droguett en sus trabajos sobre fotoetnografía, la imagen etnográfica permite comprender cómo las personas habitan los espacios públicos y cómo construyen significados colectivos desde acciones ordinarias como comer, trabajar, esperar o conversar.
En la escena observamos un espacio gastronómico popular instalado bajo los portales. No sabemos con certeza si se trataba de venta permanente o de un comercio temporal de fin de semana, aunque la memoria oral permite recordar que durante las décadas de 1980 y 1990 todavía existían puestos de alimentos en esa zona, mientras los arcos ponientes concentraban comercios de ropa, calzado y accesorios.
Cada personaje dentro de la fotografía parece construir una narrativa distinta.
El hombre de camisa morada inclina el cuerpo sobre el plato mientras se concentra completamente en el acto de comer. Tal vez tacos, quizá acompañado de salsa, limón y un refresco embotellado. El alimento se convierte momentáneamente en el centro de su mundo.
A un lado, el taquero trabaja sin mirar la cámara. Manipula los alimentos con naturalidad, inmerso en la rutina laboral. Junto a él aparece un niño que parece pelar algún ingrediente o simplemente jugar entre los utensilios del puesto. La fotografía deja abierta la interpretación entre trabajo familiar, aprendizaje cotidiano o infancia compartida dentro del espacio comercial.
El hombre de camisa amarilla sostiene cuidadosamente un tamal mientras lo abre y observa antes de comerlo. Las manos que aparecen al extremo izquierdo preparan posiblemente quesadillas o tlacoyos; detrás de ellas se alcanzan a distinguir las cazuelas que conservan calientes los alimentos.
Una mujer al lado derecho sostiene una taza de café mientras dirige la mirada hacia la cámara, consciente quizá de la presencia de la fotógrafa. Otros personajes interactúan entre sí, conversan o simplemente permanecen concentrados en el acto de alimentarse. En contraste, el pequeño niño que camina al centro de la imagen mira directamente al lente: su caminar quedó detenido, pero también quedó registrada su mirada de incertidumbre y curiosidad.
La fotografía no solamente documenta personas; documenta emociones involuntarias.
El espacio arquitectónico también resulta fundamental. Los catorce pilares que conforman los portales organizan visualmente la escena y dirigen la mirada hacia el fondo urbano de Texcoco. Detrás del puesto se alcanza a observar la antigua mueblería “La Surtidita”, hoy desaparecida. Más al fondo emerge la silueta del Hospitalito, la parroquia de San Antonio de Padua, todavía sin las restauraciones contemporáneas y mostrando la piedra expuesta de sus etapas anteriores.
Aparecen además elementos urbanos profundamente significativos: el poste de luz, los automóviles estacionados en diagonal y la configuración vial de la esquina entre las actuales calles Morelos y Constitución —antigua Juárez— permiten reconstruir parcialmente la transformación del centro histórico de Texcoco durante la segunda mitad del siglo XX.
Esta imagen detuvo algo que normalmente desaparece sin dejar huella: la vida cotidiana.
Detuvo el comercio popular.
La convivencia bajo los portales.
Los desayunos antes del trabajo.
La comida compartida.
Las conversaciones casuales.
La rutina urbana de una ciudad en transformación.
Hoy, más de cincuenta años después, la fotografía se convierte en memoria colectiva.
Y quizá ahí radica la fuerza más profunda de la fotografía etnográfica: en permitirnos observar cómo una ciudad también sobrevive en sus gestos cotidianos.
Eduargo A. Godínez Llampallas
Fuentes de consulta:
Hermansen, P., y Fernández-Droguett, R. (2018). Fotoetnografía y vida cotidiana: reflexiones metodológicas sobre la imagen en antropología visual.
Archivo fotográfico de Joy Hendry, Texcoco, 1972. Pitt Rivers Museum