26/05/2026
🔹LA GUARDIANA SILENCIOSA DE LOS LIBROS 📚
▪️Hay oficios que no hacen ruido, pero sostienen la memoria de los pueblos. Trabajos callados que, entre papeles, libros y largas jornadas, terminan convirtiéndose en una forma de amor. Así ha sido la vida de Laura Irene Frayre Canales, mujer originaria de Miguel Auza, hija del señor J. Santos Frayre y de la señora Ma. Esperanza Canales Salaices, quien ha entregado más de tres décadas de su existencia al servicio público y, especialmente, al resguardo de la lectura y la educación.
▪️Sus primeros pasos laborales ocurrieron lejos de los escritorios gubernamentales. Trabajó en la farmacia del Dr. Monreal y también en la tienda de abarrotes “Las Torres”, propiedad de la señora Josefina Aguilar. Eran años de juventud, de sueños sencillos y de la esperanza de abrirse camino con esfuerzo.
▪️Fue en 1989, apenas a los 21 años de edad, cuando comenzó su historia dentro del H. Ayuntamiento de Miguel Auza, durante la administración de Mario Arturo Ávila. Ingresó como secretaria del Secretario General de Gobierno Municipal, el profesor Víctor Canales, elaborando las cartillas del Servicio Militar. Aquella joven, llena de ilusiones y responsabilidades, sintió desde el primer día el peso y el honor de servir a su municipio.
▪️Con el paso de los años, recorrió distintos espacios de la administración pública como secretaria. Apoyó al señor Pablo Sánchez Montelongo cuando fungió como Secretario General; laboró en Registro Civil bajo la dirección de Miguel Perales Gamón; pasó por el departamento de Catastro con Santiago Castillo; trabajó en Agua Potable encabezada por Margarita Favela; en Obras Públicas con el ingeniero Fernando Hernández Castillo; e incluso en las antiguas oficinas del PRI ubicadas sobre la calle Colotlán.
▪️Cada oficina fue dejando en ella experiencia, paciencia y carácter. Pero sería el destino quien terminaría llevándola al lugar donde hallaría su verdadera vocación: la biblioteca.
▪️En 1992, durante el período presidencial de Pablo Sánchez Montelongo, comenzó a laborar en la Biblioteca Pública Municipal “Profr. Ramón Fernández Ibarra”, entonces dirigida por la señora Esther Vázquez. La biblioteca se encontraba en el edificio que hoy ocupa el departamento de Agua Potable, frente a donde alguna vez estuvo la Telesecundaria “Luis Pasteur”.
▪️Con apenas 23 años, Laura, descubrió que los libros también exigen fortaleza. Aunque silenciosos, requieren manos pacientes que los cuiden y corazones dispuestos a compartirlos. Le tocó incluso vivir el traslado de la biblioteca hacia su ubicación actual: libros guardados en cajas de huevo, estantes movidos en camionetas prestadas por la administración municipal y jornadas enteras cargando, acomodando y ordenando aquello que, sin saberlo, era también el traslado de la memoria colectiva de un pueblo.
▪️En aquellos años recibía un salario de apenas $128 pesos quincenales. Con ese dinero compraba el bote de leche para su primer hijo, Germán. Y aun así, nunca abandonó su trabajo. Porque detrás de cada página acomodada en un estante existía una convicción profunda, el servir.
▪️Ser bibliotecaria fue, para ella, mucho más que un empleo. Fue una misión. En aquellos ayeres, la biblioteca permanecía llena de niños buscando información para sus tareas, jóvenes descubriendo historias y lectores que encontraban refugio entre los libros. Los cursos de “Mis Vacaciones en la Biblioteca” reunían a más de cuarenta alumnos, mientras que la llegada del módulo de servicios digitales y del internet convirtió aquel espacio en un lugar abarrotado por la curiosidad y el asombro de una nueva generación.
▪️Para poder enseñar, viajaba incluso a la ciudad de Zacatecas, donde recibió capacitación durante una semana para después compartir esos conocimientos con la comunidad. Eran tiempos distintos; tiempos en los que los niños y jóvenes convivían más entre libros que entre pantallas.
▪️Durante muchos años trabajó en el turno vespertino, y aún hoy permanece ahí, cerrando la biblioteca en ocasiones después de las ocho de la noche debido a la gran demanda de usuarios. Porque quien ama su trabajo rara vez mira el reloj.
▪️Pero la vida también le impuso pruebas dolorosas. En 1991, mientras trabajaba en Registro Civil, recibió una noticia que cambiaría su historia, padecía cáncer de tiroides. La enfermedad, agresiva y devastadora, la obligó a someterse a tratamientos y operaciones que deterioraron severamente su salud. Desde entonces ha enfrentado múltiples complicaciones, llegando incluso a debatirse entre la vida y la muerte.
▪️Sin embargo, nunca dejó de luchar. A pesar del cansancio, del dolor y de las cicatrices invisibles que deja la enfermedad, Laurita (como cariñosamente se le llama), continúa siendo la guardiana silenciosa de los libros. Hoy suma 34 años como bibliotecaria y 37 años de servicio público, sosteniendo con dignidad una labor que pocas veces recibe aplausos, pero que alimenta el espíritu de generaciones enteras.
▪️Su historia representa la de muchos trabajadores municipales que, lejos de los reflectores, entregan su vida al servicio de su pueblo. Porque mientras existan bibliotecarias como ella, seguirá encendida la llama de la lectura, de la educación y de la esperanza.
▪️Y quizá algún día, cuando llegue la merecida jubilación que tanto espera, las paredes de la biblioteca guarden todavía el eco de sus pasos, el murmullo de su entrega y la memoria de una mujer que dedicó su vida a cuidar, en silencio, el tesoro más grande de todos: el conocimiento.
✍️ Cronistas Municipales.