07/09/2026
“La Leyenda del Labrador:
"Cuenta la leyenda que mientras un pobre labrador trabajaba en su milpa de Coatepec descendió sobre él un águila para llevárselo hasta la entrada de una cueva donde una voz le convidó a pasar; ya en el interior se percató que su gran emperador Moctezuma dormía sobre un lecho blando de pieles y mantas. De nuevo oyó la voz que le decía: "…mira a ese miserable de Moctezuma cual está sin sentido, embriagado con su soberbia e distinguido que a todo el mundo no tiene en nada; y si quieres ver cuán fuera de sí le tiene esa soberbia, dale con ese humazo ardiendo en el muslo y verás cómo no siente".
"Temeroso, el aborigen se resistía a ejecutar tal afrenta, más la voz insistió y de pronto se vio arrimándole el fuego al emperador hasta que la carne chirrió y humeó sin que el gran tlatoani se moviera ni siquiera. Por tercera ocasión la voz le instruyó a que regresara al sitio de donde había sido traído y se presentara ante Moctezuma para que le contara lo que había presenciado y como prueba de tal visión le dijera que le mostrara el muslo y le señalara donde él le había herido En el acto el emperador mandó a prisión al desgraciado mensajero y pasado un tiempo su cadáver fue echado a las bestias del campo para que lo devoraran”.
En otras versiones se hace énfasis al labrador en que se le dice “… vuelve al lugar del que fuiste traído y dile a Moctezuma lo que has visto y lo que te mandé hacer; (…) dile que tiene enojado al Dios de lo creado y que él mismo se ha buscado el mal que sobre él ha de venir (la Conquista) y que ya se le acaba su mando y su soberbia…”
En estos últimos tres renglones se argumentó, por su gestión del catolicismo, que el castigo de Moctezuma (y para todos sus súbditos), se debía a la negación del emperador mexica al no reconocer al verdadero dios y los varones que sobrevendrían por su actitud. Es un relato que justificó la razón de la conquista por voluntad divina.
El cronista Artemio del Valle-Arizpe describe así el esculto-mural labrado del templo de San Hipólito: “Está en relieve una gran águila que levanta cogido entre sus garras a un indio con su cenal de plumas y airosa garzota, y debajo un trofeo formado por arcos, flechas, hondas, macanas, carcaxes, mazas tamboriles, teponaxtles, flámulas (banderines) mexicanas, y otras armas de los antiguos aborígenes, y en la parte superior se ve un leño encendido”. Pasa por alto que el indio lleva una corona y que por ello no es una persona común.
Debemos notar que en la esquina del atrio, en la parte superior, están los restos de lo que fue una pequeña escultura, seguramente de San José cargando al niño Jesús. Está totalmente desmoronada por la contaminación ambiental. Descansa sobre un gran óvalo que contiene un texto que aún puede leerse:
“FUE TANTA LA MORTANDAD QUE EN ESTE LUGAR HICIERON LOS AZTECAS A LOS ESPAÑOLES LA NOCHE DEL DIA 1° DE JULIO DE 1520 LLAMADA POR ESTO “LA NOCHE TRISTE” QUE DESPUES DE HABER ENTRADO TRIUNFANTES A ESTA CIUDAD LOS CONQUISTADORES AL AÑO SIGUIENTE RESOLVIERON EDIFICAR AQUÍ UNA ERMITA QUE LLAMARON DE LOS MARTIRES Y LA DEDICARON A S. HIPÓLITO POR HABER OCURIRIDO LA TOMA DE LA CIUDAD EL DIA 13 DE AGOSTO EN QUE SE CELEBRA ESTE SANTO.
AQUELLA CAPILLA QUEDÓ A CARGO DEL AYUNTAMIENTO DE MÉXICO QUIEN ACORDÓ HACER EN LUGAR DE ELLA UNA IGLESIA MEJOR QUE ES LA QUE HOY EXISTE Y FUÉ COMENZADA EN 1599”.