16/05/2026
Muchos comentarios así nacen más del desencanto con algunos adultos y experiencias negativas que de un odio real hacia los niños.
También hay un componente cultural reciente: en redes sociales se romantiza muchísimo a los perros como “mejores que las personas”, y eso lleva a comparaciones exageradas.
Pero sí hay algo preocupante cuando constantemente se normaliza hablar de los niños como si fueran una molestia, una plaga o seres inferiores a los animales. Un niño llorando, haciendo ruido o siendo impulsivo… literalmente está actuando como un niño. Su cerebro todavía se está formando.
Un perro educado suele ser el resultado de tiempo, paciencia y entrenamiento.
Un niño educado también.
La diferencia es que un niño además está desarrollando identidad, emociones, lenguaje, criterio y autonomía.
A veces pareciera que algunas personas toleran más fácilmente conductas naturales de los animales que las de otros humanos, especialmente de los niños. Y eso probablemente habla más del aislamiento social, frustraciones personales o falta de empatía moderna que de los propios niños.
Tampoco ayuda que en internet la misantropía se vuelva “cool”: “Prefiero animales que personas.” “Confío más en mi perro que en los humanos.” “Los perros son mejores que los niños.”
Son frases que reciben aprobación inmediata y se repiten sin mucho análisis.
Y claro, también existe el extremo contrario: personas que minimizan a los animales o creen que querer mucho a un perro es ridículo. Ambos extremos terminan deshumanizando algo.
Se puede amar profundamente a los animales y al mismo tiempo entender que los niños merecen paciencia, respeto y empatía. No tendría que ser una competencia.