04/10/2017
Escúchame, quiero decirte que te quiero, pero no quiero decirlo como los que suenan últimamente por ahí, no es uno de esos que las personas sueltan cuando tan solo se conocen desde hace un par de meses, tampoco es uno de esos de los que se conocen desde hace muchos años. Suena raro pero créeme, es difícil de entender y si me das un poco de tu tiempo lo intentaré explicar.
Cuando te digo te quiero, no hablo de la palabra hecha, no intento expresar una manera más de rellenar un abrazo o algo que hay que decirse porque toca decirlo, no.
Voy más allá de todo eso, algo que no se puede decir porque sencillamente no puedo expresarlo, pero que se siente al susurrarlo. Es algo que se puede transmitir sin decir nada más que eso, que te quiero, un te quiero relleno muy minuciosamente del cariño que tú te has ganado, un te quiero repleto de momentos de risas que me has hecho sacar sencillamente por querer verme sonreír, un te quiero rebosando de la confianza que deposité en ti para darte un corazón que ya andaba algo machacado y supiste cuidar, curar y quererlo como si de oro se tratase sin importar las cicatrices que tuviese, un te quiero cargado hasta las trancas de gracias por ser así, por elegirme, por cuidarme, mimarme, quererme, aceptarme, valorarme, confiar en mí.
Un te quiero que no abarca mucho pero contiene mil y una cosas dentro de él, siento no darte nada más valioso que eso, aunque entiende que tú eres todo lo que tengo.
Y, tal vez no lo diga tantas veces como te gustase pero las pocas veces que las digo, ya sabes de donde salen