23/05/2026
Alguna vez hemos dicho que en el día a día en una ganadería como la nuestra, hay muchos días duros y de verdadera dificultad, pero a cambio, hay otros que son de verdadera alegría.
Y el día que viene la Escuela Taurina de Algeciras es, sin duda, uno de los más bonitos del año para mí de verdad. Una relación de muchos años ya.
Apoyar a las escuelas taurinas lo hago de mil amores, encantado y agradecido a Dios y la vida. Porque detrás de cada niño que se pone delante de una becerra, hay mucho más que tauromaquia: hay ilusión, compañerismo, superación, respeto, educación y crecimiento humano.
Me emociona ver cómo maestros como El Merlo y Juan Repullo van enseñando a estos chavales no solo la técnica, la comprensión de la embestida o la dificultad de la expresión artística… sino también valores para la vida.
Y qué decir del ambiente familiar que se vive cada jornada. Del apoyo constante de Juana Cid y del compromiso del Ayuntamiento de Algeciras con una cantera que merece ser cuidada.
Cuando las vacas embisten y permiten disfrutar, me voy feliz.
Cuando no terminan de hacerlo, me voy disgustado de verdad.
Porque uno también siente responsabilidad con los sueños de estos niños.
Dice Juan Repullo que las vacas de Gavira son “vacas maestras”. Y escuchar eso me llena de orgullo. El otro día, una sola vaca permitió torear prácticamente a toda la escuela… y me fui a casa con una felicidad difícil de explicar.
Especialmente emocionante fue ver a Francisco. Creo que lo conozco desde muy muy chico. Y verlo el otro día torear “como los ángeles”, dominar sus miedos y sacar dentro de sí esa expresión artística… fue algo precioso. Después de él, de sus padres y de sus maestros, probablemente yo era una de las personas más felices allí.
Hoy comparto esta carta de su madre.
Y la guardo con enorme cariño.
Porque al final, más allá del campo, de las vacas o de los tentaderos… lo verdaderamente importante son las personas que crecen alrededor de todo esto.
Gracias de corazón. ❤️🐂