07/09/2026
Faltan ocho meses para las elecciones y, de repente, aparece el dinero.
Después de años diciendo que no había recursos para muchas necesidades del municipio, ahora el remanente de tesorería se destina a poner césped artificial para el uso de una entidad deportiva privada, a cambiar otra vez el suelo de la Glorieta y a comprar un camión de quinta mano del que ni siquiera se ha explicado claramente cuál será su utilidad.
Y la sensación que queda es muy clara: a ocho meses de las urnas llegan las prisas por gastar y hacerse la foto.
¿De verdad estas son las prioridades de Callosa?
Porque mientras se anuncian estas inversiones, seguimos teniendo un pueblo que se deteriora a pasos agigantados.
Calles sucias.
Parques abandonados.
Aceras y viales en mal estado.
Instalaciones públicas que llevan años esperando mantenimiento.
Inseguridad que preocupa a vecinos y comerciantes.
Y un comercio local que necesita mucho más apoyo que promesas.
Pero hay algo que nos duele todavía más.
El nivel de degradación de la imagen de Callosa ha llegado a un punto impensable. Hoy basta entrar en las redes sociales de cualquier inmobiliaria que anuncie una vivienda en nuestro pueblo para encontrar comentarios negativos sobre Callosa. Comentarios que, según cuentan muchos anunciantes, terminan eliminando porque perjudican la venta de las viviendas.
Ese es el retrato más triste de nuestro municipio.
Cuando la mala imagen de un pueblo empieza a afectar incluso a quien quiere vender una casa, es que el problema ya no es político. Es un problema de prestigio, de convivencia y de futuro.
Desde SALF Callosa de Segura lo decimos con absoluta claridad.
Callosa no necesita un lavado de cara de ocho meses.
Necesita un plan de revitalización para los próximos veinte años.
Necesita recuperar la limpieza, la seguridad, el comercio, la hostelería, la cultura, el ocio juvenil, el turismo y el orgullo de pertenecer a este pueblo.
No se trata de cambiar un suelo o repartir chocolate con churros para pedir el voto.
Se trata de devolverle la ilusión a una ciudad que lleva demasiado tiempo perdiendo oportunidades.
Porque el problema de Callosa ya no se arregla con obras de última hora.
Se arregla cambiando una forma de hacer política que lleva décadas conformándose con que el pueblo sobreviva, cuando lo que merece es volver a crecer.
Y eso no puede esperar a mayo de 2027.