02/10/2025
Dicen que criar hijos sin pareja es complicado.
Y es cierto.
Pero que sea difícil no quiere decir que no se pueda.
Yo no vine a este mundo a rendirme.
Y aunque a veces lloro en silencio cuando cae la noche, al amanecer me seco las lágrimas y me pongo de pie con más determinación.
No tengo a nadie que me diga: “yo te respaldo”.
No hay quien llegue con un pan bajo el brazo o me abrace cuando todo se derrumba.
Pero tengo dos grandes motivos que me impiden rendirme: mis hijos.
Si hay que esforzarse el doble, lo hago.
Si toca aprender cosas nuevas que jamás pensé hacer, también lo enfrento.
Porque nadie va a aparecer a rescatarnos.
Porque nadie entiende el peso que llevo.
Y porque no traje a mis hijos a este mundo para que les falte amor, un hogar o alimento.
Yo sola los voy a sacar adelante.
Aunque mis manos estén agotadas, aunque mi espalda duela y la mente esté llena de preocupaciones.
Lo haré con el corazón firme.
Puede que no sea una madre perfecta…
Pero soy la que siempre está.
La que no se rinde.
La que permanece, incluso cuando todo parece desmoronarse.
Y algún día, cuando ellos sean grandes y recuerden esta etapa, no dirán que fue sencillo.
Dirán: “Mi mamá jamás se dio por vencida por nosotros.”
Y con eso tengo suficiente.