04/08/2016
Procesador de textos
Por Ricardo Willson
Puse trabajar al procesador de texto,
Le pedí eliminar las palabras sensibles, sacó de inmediato la palabra amor,
A la palabra caricia, la puso entre comillas,
La palabra te quiero le tiró tomates acérrimos,
Cuando pregunté por la palabra amantes me la devolvió con subrayado en rojo.
Quise usar la palabra árbol y se quemó de raíz.
Cuando escribí beso a la primera se quedó titilando el teclado como una máquina
De humo.
Con el humo se ahogó la palabra fuego,
A la palabra agua, la tachó con una cruz de barro.
Se negó a escribir pájaro, crepúsculo, noche, relámpago.
Libertad la puso bajo fianza de la palabra hijos.
Sospechosamente me envió la palabra brújula con el sur arriba y el norte al costado derecho.
Fui al diccionario de la Real Academia para pedir socorro,
La mitad de las palabras venían con signos de interrogación, espacios vacíos, puntos suspensivos.
Cuando quise poner la palabra mar, me devolvió un naufragio: cientos de poemas envueltos en papel celofán, escritos sánscrito dedicado a los grandes naufragios humanos y divinos.
Apareció un velero en el horizonte de la página en blanco, metido en una botella de líquido amarillo, pensé será un aviso de JohneevWalker, pero mirando los detalles, era el sol comenzando a esconderse entre las olas.
Por fin vino la palabra luna, el silencio inflamaba las velas como si fuera el viento, entonces vi dibujarse el viejo isotipo de pisco Capel y despareció la palabra atardecer, crepúsculo y todo era una imagen en rojo con el sol entrando en una iglesia metodista pentecostal.
Pedí la palabra ebrio, embriagado, me devolvió una curiosa fórmula numérica:
40° del paralelo 17
Cuando quise poner la palabra trabajo, despertó de súbito un ma****lo, golpeando como pesadilla sobre la noche y sus sueños reposados.
Ni que decir cuando quise escribir la más pura de las estrofas de la palabra carta. Un arsenal de signos notariales, se apropiaron del espacio en blanco.
Ante la perplejidad de mis sentidos, vi como obsesivos relojes se doblaban, como en los cuadros de Dalí.
Debo haber apretado mal mi solicitud de apoyo del procesador de textos, dije, reinicié con más ímpetu, mi ayuda de memoria, mi depósito de lecturas homéricas, invoqué hasta la biblia dormida en el cajón de un remoto hotel en Cincinatti:
Nada, seguían apareciendo a su antojo palabras nunca invocadas ni de memoria. Estaré borracho, qué me fumé esta tarde?
De la nada se escribió el verso de Parra de chistes para desorientar a la Policía, perdón, a la poesía:
“Llore si le parece, yo x mi parte, me muero de la risa”
Este procesador de texto es muy inteligente:
Se ríe de Parra, hace sufrir a Zurita, a Neruda le regala palabras para un Nobel, a Gabriela le regala la imagen del Pisco, a mi me las esconde bajo la mesa como servilletas arrugadas y manchadas con rouge.
Será hijo de p**a, la palabra p**a, la tuve que escribir a mano!
Si no diría Hijo de pura, Hijo de Cura, (tampoco se daría cuenta que esto es un insulto), Hijo de doncella, de musa, de cuanta palabra antojadiza puedan imaginar saliendo en esta página.
Ninguna necesaria para escribir este texto.
Cuando quise escribir nuevamente Mar, apareció el siguiente texto:
Vendo departamento con vista al océano pacífico, con bella vista sobre la playa, sobre la arena cuerpos bronceados de aceites protectores, plusvalía asegurada, vecindario con excelentes referencias bancarias,
Ya sé, este procesador debe estar administrado por el sector inmobiliario, pero ellos usan la palabra estupenda vista al mar……….
Sé que la palabra jardín tiene una connotación diferente a la poesía, aunque armen figuras como Jardín del mar, ciudad Jardín, parece que la palabra jardín la lleva
Jamás usaré la palabra jardín, ni siquiera para invocar el Jardín de los Fincci Contini.
Me niego a usarla, prefiero la palabra perro, es más fiel y amigable,
Además se caga en los jardines.
Bien por el perro, este ladra, avisa, acompaña aunque los pateen.
En la otra no se puede pisar el césped, que es césped?,
Ese ideal verde que te quiero verde, un antónimo a los desiertos de Chile,
Un pastel de manzanas para cubrir nuestros ecológicos pecados?
Antes los ideales se pintaban de blanco, azul y rojo, ahora son las Cruzada verde, la energía verde,
Verde las comisarías, verde la casa de Vargas Llosa,
El día que a la selección y a la hinchada le pongan la marea verde,
Veremos las verdaderas intenciones de este procesador de textos que se ha instalado
Como una nueva conciencia nacional, un mandato supremo de los lenguajes pasados por esta máquina procesadora, cortadora de pasto, de toda “hierba extraña” que aparezca en el horizonte mental de los procesados.
En vista de tanta discriminación, dije, por suerte existe Google.
Ante la palabra amor, aparecieron una serie de artículos de Walter
Riso: manual para no morir de amor, Amores altamente peligrosos, todos muy ilustrativos, para domesticar ese animal que nos mueve las emociones y advierte sobre las peligrosas enfermedades que podemos contraer con esta palabra, de esos estilos afectivos frente a los cuales, sería mejor olvidarse definitivamente de esta frase.
Muy interesante, poco atingente al cometido de este texto, al deseo de desentrañar ciertas verdades que la razón explica, pero a la hora de vivir, se vuelven invisibles, contradictorias,
Impracticables a no ser que quisiera guiarme por la domesticidad de los manuales y sus artes para hacer cuadrar el círculo y meter en el baúl a sus demonios sin traje a la medida.
Cuando busqué la palabra erotismo, se abrieron una serie de sitios pornográficos, de abundantes tacones, de cabelleras sometidas, de cuerpos al acecho, de gemidos en off, de sincronía difusa, una feria de ofertas y remates, con el verso “oh my God” pronunciado como mantra de música mecánica.
Entonces busqué una palabra insólita, una evocación a un personaje pícaro, universal como el pan y el vino, un representante de humanidad, de la sencillez, de su misión aquí en la tierra, pensé en Cristo, cuya misión, no fue nada de sencilla…. Apareció Don Quijote, desplegado en Wikipedia como un abanico de cartas con un as de corazones al centro de pantalla.
Toda suerte de ilustraciones, camafeos, grabados de agua fuerte, fueron diseñando molinos, caballos, pájaros, pueblos remotos como la harina, las papas y los fogones.
Los perros de Sancho ladrando al viento y al polvo de los fantasmas de la operación frustrada por rescatar a Dulcinea.
(Si los perros ladran Sancho…: algo tiene Dulcinea que aún no hemos descubierto)
Vi tanto amor, tantos gestos, en la sencillez de una hoja, en la simplicidad de esa misión encomendada que no tuve más respuesta que silencio:
La más elocuente de las palabras.
El sonido más feroz –decía Miles Davis-, es el silencio.
O la ausencia de sonido diría un físico o un músico de alta nota frente a una bella señorita etrusca.
Poema del Libro PROCESADOR DE TEXTOS leído por su autor en el 40° aniversario de la UJD