27/03/2026
Dicen que el cuerpo es el traje del alma.
Esa imagen ayuda a comprender que hay que cuidarlo porque un día se quedará en este mundo, nos iremos sin él y volveremos a la unicidad esencial.
Ese cuadro ayuda también al desapego post vida para hacer las paces con la muerte, eterna compañera sentada en un banquillo.
Más que despreciarla o temerle cuando venga a tomarnos del brazo, aprender a bailar con ella en nuestro próximo vuelo, con libertad y hacer las paces con ella porque ella no escogió su rol, tiene una misión y es nuestra barquera para hacernos navegar hacia el otro lado.
Pero, mientras tanto, al tener este traje, acomodarlo, arreglarle las arrugas y perfumarlo, limpiarlo y sentirlo cómodo, disfrutarlo con sus detalles, roturas, descosidos, mal calce, porque es nuestro, lo que nos dieron, lo que tenemos, lo que nos queda, no lo que hemos vivido cuando estaba nuevo y resplandeciente, joven y prístino, sino lo que nos queda, el tiempo del término, el traje usado, el que aguantó de todo y aún sigue pegado al cuerpo.
Los años que resten él será nuestro mejor amigo para tener un día llevadero, donde aún se ponga de pie y nos acompañe hasta cuando venga ella, la del banquillo, a buscarnos.
Comer, besar, mirar - quienes puedan hacerlo- , escuchar - los que aún escuchen -, bailar como se pueda, sentir el aire en las mañanas, todo eso tiene sentido y es la memoria que nos llevaremos al otro lado.
Tocar, dar una caricia, sentir aromas, escuchar música para el alma y sonidos de aves, conectar con los sentidos, todo eso ayuda a estar presente y abrazar el traje que llevamos. Conectar.
Un gran saludo para este fin de semana con el corazón sereno.