27/11/2025
LA ERA DE LAS FALSIFICACIONES VEROSÍMILES.
La sátira política existe desde siempre.
Ridiculizar el poder, exagerarlo, burlarse de sus excesos, incluso reírse de los presidentes, forma parte de la vida democrática. Un video irónico, como una caricatura, puede ser leído como lo que es: una broma.
El problema empieza cuando esa sátira se construye con inteligencia artificial a un nivel de realismo tal que no hay forma de distinguir lo falso de lo real.
Hoy vemos videos de dirigentes andando en bicicleta, desorientados, caricaturizados como en una película de resaca colectiva. Mañana, con la misma herramienta, se fabrican escenas sexuales, delitos inexistentes o situaciones humillantes que nunca ocurrieron —como ya le pasó a una periodista argentina, víctima de una difamación brutal mediante un video generado con IA.
La diferencia entre “chiste” y “violencia” ya no está en la intención declarada, sino en el impacto.
Y el impacto es concreto: confusión, daño reputacional, descrédito público, sufrimiento real.
Una persona mayor, un adolescente, cualquier ciudadano de buena fe, no tiene cómo saber si ese video es verdadero o falso.
Entonces ya no hablamos de humor.
Hablamos de manipulación, de desinformación, de una tecnología poderosa usada sin reglas, sin ética y sin responsabilidad.
La inteligencia artificial no es mala.
Pero usada para fabricar realidades falsas —sobre todo en política y en la intimidad de las personas— se convierte en una forma nueva y peligrosísima de violencia.