06/08/2013
PUNTO DE VISTA
EL FUEGO ES UN PROBLEMA DE TODOS
Tucumán es un laboratorio viviente de conflictos ambientales. Es lógico: una población sumamente densa (apenas por debajo de la Capital Federal) y urbanizada (77%) se conjuga con una agricultura muy importante (la 4ª del país) y una agroindustria numerosa; todo en un territorio muy pequeño. En esta combinación complicada, cualquier impacto ambiental se magnifica.
El uso del fuego es un tema de debate público en todo el mundo y una constante fuente de desacuerdos que se plantean a partir de su uso –supuestamente controlado- en actividades tanto urbanas como agropecuarias, y de la amenaza que supone para la salud, las vidas y las propiedades de las personas. Dicho esto; vayamos por partes:
¿Son los cañeros los “malos de la película”?. Indudablemente hay cañeros que queman sus cañaverales, pero los relevamientos satelitales de 10 años del INTA Famaillá indican que –grosso modo- el 50% de los fuegos se producen sobre caña de azúcar, mientras que la otra mitad se da sobre pastizales, montes, rastrojos de otros cultivos, etc.
Si bien no tenemos cifras concretas, es cierto también que muchas de las quemas de cañaverales no son provocadas por los cañeros mismos, sino en una infinidad de situaciones accidentales o provocadas por otras personas que encienden un “fueguito” para calentarse, limpiar terrenos, vengarse de algún vecino productor, o simplemente… por jugar. Lo vemos todos los días.
Si alguno de los que lee esta columna no ha barrido alguna vez las hojas del patio y les ha prendido fuego; o no ha hecho un asadito al aire libre sin preocuparse por el destino final de sus brasas; o no ha quemado los yuyos de un terreno lindero para eliminar alimañas; entonces que “tire la primera piedra”.
Todos los días –sobre todo en invierno- son miles los tucumanos que queman alguna cosa y contaminan el ambiente. El fuego está incorporado en nuestra cultura como un elemento de “limpieza”, y no entendemos que, quemando, la “suciedad” sólo se traslada al aire, entra en nuestros pulmones y nos enferma a todos.
¿Se soluciona esto con leyes que prohíban toda quema, multando y metiendo presos a los infractores?. A esta altura, no hay duda de que eso no es suficiente. No ha dado resultado. Es necesario hacer esfuerzos de largo plazo para cambiar la cultura del fuego en Tucumán.
Desde hace tres años, la Mesa (interinstitucional) de Gestión Ambiental de Cruz Alta viene haciendo propuestas y trabajando silenciosamente en el tema. De a poco, la reducción relativa de focos de fuego en el mayor departamento cañero de la provincia va mostrando que es ese el camino a imitar.
Alejandro Valeiro
EEA INTA Famaillá