05/08/2026
Una sola frase y retrocedió la rosca: la advertencia de Quintela en clave de soberanía
El Justicialismo ostenta hoy una representación institucional que pasa por: 5/8 gobernadores según quiera verse, bloques en el Congreso Nacional y las legislaturas provinciales, muchas intendencias y volumen político articulado en el Consejo Nacional del PJ con más de 60 integrantes. Constituye, en suma, una masa crítica política y territorial que, en su mayoría, intenta obturar el avance de un marco normativo profundamente lesivo: la privatización y extranjerización de la tierra argentina. Lo más, con mejor entusiasmo, otros sin tanta enjundia y unos pocos con ningunas ganas.
Hubo una voz, la del gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, quien sintetizó con precisión doctrinal una advertencia de claro rigor estratégico. Al señalar que un futuro gobierno de signo peronista, revisará y retrotraerá las decisiones que hoy vulneran el patrimonio soberano, sentenciando que se expropiará y nacionalizará cuanto resulte indispensable para el interés común, y dirigió un mensaje directo al capital concentrado advirtiendo a posibles inversores “que no se entusiasmen”.
Con ello provocó una ebullición en el ecosistema político, mediático e institucional. La mera formulación de la soberanía popular como límite al mercado desestabilizó la arquitectura jurídica donde los grandes bufetes de abogados redactan a la medida del capital transnacional y del gobierno libertario, todos los proyectos de ley e inquietó a los fondos de especulación inmobiliaria y financiera e indujo al Ejecutivo a desplegar sus dispositivos de propaganda digital y mediática para intentar quitar calidad al mandatario riojano.
Lejos de tratarse de una desmesura retórica, la postura de Quintela operó como un dispositivo de disuasión política muy eficaz. Introdujo incertidumbre razonable en la relación costo-beneficio de los posibles compradores, obligando a los legisladores proclives al pacto a pensar dos veces y forzando a los propios grupos de interés a atenuar la voracidad del proyecto original. Alcanzado ese primer dique de contención, el objetivo imperativo no es la enmienda, sino el rechazo definitivo de la norma.
Frente a este escenario, resulta sintomático que ciertos analistas formados en la consultoría política, los periodistas que odian (y mucho) y lo que es peor, algunos compañeros, califiquen la defensa del interés nacional como un anacronismo.
Pretender que la reivindicación soberana obstaculiza la discusión sobre la estabilidad macroeconómica y la inflación y que pone en duda la validez de la propiedad privada, refleja un reduccionismo conceptual severo, que desconoce la capacidad del movimiento nacional para abordar la complejidad de la praxis política de manera integral.
La iniciativa oficialista quiebra récords de desregulación entreguista: amplía de manera alarmante el cupo de penetración de capitales extranjeros sobre el suelo patrio y omite toda salvaguarda sobre acuíferos, cuencas hídricas, áreas fronterizas, valles fértiles y territorios donde habitan comunidades originarias y pequeños productores rurales. La norma en cuestión no busca desregular; busca rematar la geografía nacional.
Ante semejante abdicación histórica, la intervención del gobernador riojano restituyó el valor ético y doctrinal de la causa federal y Justicialista. Es una voz valiente y debe ser reivindicada.
La proyección de una voluntad política con vocación de poder restituyente representó la barrera más sólida erigida hasta el momento contra el modelo del extractivismo con aire colonial.
Y ello, lejos de constituir un arcaísmo ideológico, representa la expresión más contemporánea del patriotismo: la reafirmación innegociable del dominio sobre la propia tierra.
Mario Nemirovsc – Diputado Nacional mc Río Negro – Bariloche- Patagonia argentina