16/02/2026
¡UN TESTIMONIO EXCEPCIONAL!
José María Posse me manda a pedido de Alcirita Paz Posse, para publicar en TAFI DE ANTES el relato que hace algunos años hizo su mamá, Alcira Cossio Frías de Paz Posse, y que se publicó en la “Revista del Club de Veraneantes”, de 2011. Para mí es un gusto enorme hacerlo porque tengo muy presente a la autora, a quien particularmente conocí a través de las anécdotas que nos sabía contar mi madre, Clara Elena Bascary, de su prima y amiga dilecta. Aunque Mamá se fue a vivir a Rosario a poco de casarse, Alcira estaba permanentemente presente en su memoria y nos trasmitió este cariño, junto con las “iniquidades” que hacían en conjunto, contando con la colaboración de otras de sus entrañables amigas (no las nombro porque tendría que afectar toda una página). Las “hazañas” y los “sucedidos”, abarcan diversos “teatros de operaciones”: Villa Nougués, el Ingenio, la ciudad de Tucumán (particularmente el Colegio “Santa Rosa”) y, por supuesto, Tafí. El TAFÍ DE ANTES que compartió con Alcira y del que ella nos cuenta. Introduzco algunas aclaraciones entre paréntesis para una mejor comprensión de los lectores que tienen menos años.
Alcira Josefa Lidia Cossio Frías, aunque solo usaba el “Alcira”, era hija de María Elvira Frías Helguera y de Alberto Vicente Cossio Lacavera.
Un beso al cielo, Alcira, en nombre de Mamá. Gracias José María por traérmela a mi presente – Miguel Carrillo Bascary
“MEMORIAS DE MI TAFI (por Alcira Cossio Frías)
Mi querido sobrino “Pita” Poviña me pidió que escribiera mis recuerdos del Tafí que viví y amé de todo corazón. Les va a parecer fantasía, pues todo aquello ya no existe y sólo está en mis recuerdos.
TAFÍ -Íbamos a caballo desde Santa Lucía. Sé que me llevaba por delante Pedrito Carrazano, recuerdo, o creo recordar la lluvia, el cansancio y el chapoteo de las pisadas de los caballos. Sí recuerdo llegar al (campamento de la Dir. Prov. de Vialidad) “El Nogalar”, a donde nos esperaban los caballos de “Las Carreras”, que nos mandaba el tío Justiniano (Frías), todos eran tíos nuestros, llegar por el faldeo del Ñuñorco, el Vado de los Patos y La Angostura. Y ahí estaba, el Valle. ¡Cuánta grandiosidad y esplendor! ¡Cuán verde era mi valle!
Llegábamos a “La Villa” por la calle larga (hoy “Gobernador Critto”) y la cancha del avión, llena de sauces y pircas. Todos cortados a la misma altura por la hacienda. “Los Cuartos”. El almacén de Amín, (las casas de) Enrique y Julio Terán, la Comuna, el famoso almacén de Don Goyo, el Correo, la Pensión (más tarde “Hostería Floresta” y hoy “Hotel Colonial), (la pensión) “La Rosada”, la Capilla Vieja (hoy, parroquia Ntra. Sra. del Carmen), (la casa de veraneo de los Padres) Lourdistas (justo a su frente, calle de por medio), “Villa Margarita”, la (casa de la) “Abuela Lola” y (el casco de la estancia) “Las Tacanas”.
LA BANDA - No había vados ni puentes, todo era a caballo. Pasábamos el río de “La Banda”, el Zanjón y llegábamos hasta (el casco de la estancia de) “La Banda” y “Entre Ríos”. Nos llamaban “los bandeños”, los Zavalía Frías Silva y los Cossio Frías. Una infancia feliz, libres como el aire, invitados y cuidados por todo el Valle. Íbamos a casamientos, fiestas y bailes. La “Mayoyi “ (Zavalía) y yo éramos las campeonas de las zambas y el palito, que bailábamos con “Heche Peche” (José Clemente Zavaleta).
La única condición que nos ponían nuestros padres es que, si por 15 minutos llovía fuerte en el (cerro) Muñoz, nos quedáramos a dormir en La Villa. La (casa de la) “Abuela Lola” (Juana María de los Dolores Bascary Esteves), “Villa Margarita” o “Las Tacanas”, eran nuestros albergues.
ENTRE RÍOS - Fue herencia de mi abuelo Ricardo Frías. Contaba de tres habitaciones, que fueron el granero de los Jesuitas. Luego, bastante después, vinieron las ampliaciones y reformas, como está hoy. Se llevó el baño instalado, a lomo de mula.
Se llamaba “Entre Ríos”, como su nombre lo indica, porque estaba rodeado de agua. La acequia jesuítica que hacía andar el molino rodeaba la casa y terminaba en el río de “La Banda”, que era el límite del lado opuesto. Por lo que la casa quedaba en el medio de las aguas, a lo que se debe su nombre. El viejo molinero nos daba ulpada, que es trigo molido con azúcar, lo que nos hacía vivir atorados. (La ulpada es una bebida ancestral del Norte en base a la harina de trigo o maíz tostado, agua fría y azúcar, muy energizante)
RECUERDOS - Las crecientes eran bravísimas. Traían sauces, toros y a veces personas. Si eran de noche, evacuábamos a “La Banda”, porque el río pegaba fuerte en casa y llegaba el agua hasta la galería.
Papá pactó con el tío Clemente (Zavaleta), eran muy amigos, para desviar el río por El (potrero) Ciénego (que pertenecía a la estancia de “El Churqui”). Así se le ganaron metros, cuando se hicieron las defensas, y el río quedó encauzado más lejos de la casa. Tío Clemente le reclamó a papá, pero papá pícaramente contestó: “Alambremo´ y se callemo´”. Los morros del Pelao eran nuestro escondite preferido. La “Matuchita” (Matilde Cossio Zavalía), severa, nos retaba continuamente, porque hacíamos macanas.
En la capilla de “La Banda”, había un túnel donde los jesuitas se escondían cuando llegaban los malones (sabemos que esto de “los malones” es una fantasía muy difundida), y salía en el Zanjón. El “Tati” lo cerró, porque tenía miedo de que se nos derrumbe encima. Había esqueletos y unas cañitas que salían del techo para respirar. En el Zanjón encontrábamos collares y pulseras, tinajas y hachitas indias. Pero teníamos que darlas al tío Justiniano (Frías), para el museo de La Banda.
De noche sentíamos el joy-joy, que los lugareños pasaban cantando. Era un canto largo y lastimoso, que parecía que no tuviese letra. Me llenaba el corazón de tristeza.
El tío Pedro, en la galería de “La Banda”, comentaba sentado con su poncho y su sombrero, a todo aquel que pasaba a caballo frente a la galería: “Ese moro va a costalear, el zaino está manco y el jinete borrachito”. La tía Matilde (Cossio Zavalía), jugando al sapo. Papá peleando con el río y sus caballos, que eran muy briosos, los domaba con espuelas. Mamá, que no le gustaba mucho andar a caballo, tejía todo el tiempo. “Buby” (Alberto Cossio) y la Many (María Elvira Cossio, su hermana) todo el día con “los churqueños”: Emilita y Lucas (Zavaleta). El tío Justiniano, amplió en “La Banda” sus dependencias. Y espiábamos sus divertidas reuniones con los poetas monterizos.
LAS CARRERAS CUADRERAS - La cancha era frente de Los Cuartos (entre la curva a 90 grados que hace la avenida “Gob. Critto”, al llegar a lo de Alvarez, y la Terminal). El jockey de “La Banda” era mi hermano Ricky. Discutí un fallo, que para mí era puesta (empate), con el tío Guillermo Chenaut. Tuve que pedirle perdón, y me costó una semana sin caballo. A los ganadores, los premiábamos con una corona de maravillas, hechas con varillas de sauce.
NUESTROS PASEOS A CABALLO
LA VUELTA AL VALLE: “Las Carreras”, “El Rincón” y “El Mollar”. Cuando se vendió (la estancia de) “El Mollar”, nos causó a todos mucha pena. Para llegar al Ojo de Agua, pasábamos por la cueva del “Viejo Petaquero” y llegábamos a las playitas, donde nos bañábamos y dejábamos pasmados a los caballos, de tanto galopar por al agua.
OTROS PASEOS ERAN: La “Lomita Verde”, la Micuna y sus ruinas, “La Ciénega”, el Negrito, el Ñuñorco, mitad a caballo y mitad a pie.
AL MATADERO, salíamos a las 5 de la mañana. Papá decía: “Arriba changos, está rociando el Muñoz, hay que ensillar”. Volvíamos a la noche, y contemplábamos de arriba el Bajo iluminado.
El olor a manzana de la casa de los Álvarez. El olor a anís de la Fermina, en el Lamedero, a donde íbamos a comprar las rosquitas.
“Pepe” Frías, era el “Duque de Frías”, herido en Lepanto, nos hacía rendirle pleitesía. Eugenio Chenaut y sus versos del “Martín Fierro”, con su poncho azul y su caballo “Chachacoma”.
La llegada de “Atahualpa” (Yupanqui) a Tafí: nos daba su concierto en la pensión, sentado en una silla. Y había que hacer silencio total. No le gustaba que le pidan qué canciones tocar. Él tocaba lo que sentía en ese momento. Sólo lo interrumpía el tintinear de las espuelas de Clementito Zavaleta. Le decía: “Zavaleta, deje de molestar”.
La novena de (Nuestra Señora de) Lourdes; todos los febreros íbamos a la capilla a rezarla. Penitencia si faltábamos.
Las corridas de la hacienda vacuna y lanar de “Las Tacanas”, que entraba por La Villa. Con el “Bebe” Estévez y el “Negro” Buffo, a los alaridos, con los lazos. Eusebio (Chenaut) con su lazo, hacía maravillas.
Mi ovejita “Blancanieves”. Después de una corrida quedó en el corral. El “Bebe” me la puso en los brazos. La crie con mamadera, y era mi alegría.
ME FUI DEL VALLE - Cuando me casé, Ramón (Paz Posse) me dijo: “Mi lugar no es éste”. Pregunté a mis hijos, los cuatro primeros, adonde quería veranear. Me contestaron unánimemente: “Queremos Raco”. Y aquí estoy, en mi “Sauce Yacu” querido, que llenó de felicidad nuestras vidas. Y es mi residencia actual.
A los tafinistos: el Valle ya no es mío. Ahora es de ustedes. Cuídenlo”.