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EL “CHIVI” CASTILLODías pasados, una de las más activas lectoras de esta columna, LUCÍA TERÁN, me habló del Chivi. Lo hi...
23/03/2026

EL “CHIVI” CASTILLO
Días pasados, una de las más activas lectoras de esta columna, LUCÍA TERÁN, me habló del Chivi. Lo hizo en privado, cuando me comentó sobre una de mis notas, aquella donde mencioné las ojotas. Por asociación de ideas recreó en su mente lo que significó el Chivi en su vida y en la de su familia. En base a sus palabras, muchas de las que tomo en forma literal, les compartimos esta semblanza del TAFI DE ANTES. — Miguel Carrillo Bascary

Comienza diciéndome LUCÍA: El Chivi Castillo fue un personaje tan presente en mi niñez, cuando la estancia de los “Cuartos” era una. En realidad, eran muchas las personas que, para nosotros, fueron importantes y como parte de la familia. Con ellas compartíamos distintas tareas y divertimentos, en la mejor época, el verano de tres meses de alegría absoluta, independientemente de cómo fuera el tiempo o si había lluvia o no. No se extrañaban las comodidades de la ciudad, ¡para nada! Al contrario, cuando faltaba algo casi era motivo de alegría y de alguna manera nos arreglábamos.
El Chivi era una de esas personas. Pero también era un personaje único, no como los demás.
Siempre usaba ojotas, siempre, siempre, y para todo evento. También se lo conocía por su sombrero puntiagudo, como de gnomo, gastado, sin ninguna tosquilla, pantalones como pescador, arremangado a los tobillos y una camisa sencilla, a la que recogía sus mangas hasta los codos. ¿Lo imaginan? ¡De lo más pintoresco! ¿no?
El Chivi era el “asador oficial” en “Los Cuartos”. Nadie le disputaba el puesto, ni él se lo hubiera dejado disputar.
Hacía unos corderos a la cruz ¡verdaderamente exquisitos! Su mano para la tarea era famosa, muchas veces le llamaban otras familias para que les hiciera un corderito o, por qué no, ¡un chivito!
La cosa era así - cuenta LUCÍA- primero despuntaba un par de cañas con las que atravesaba el cordero y lo estaqueaba al piso, de ahí en más no pregunten qué es lo que hacía tan rico. Pienso que mucho tenía q ver con el lugar que nos daba a los chicos para acompañarlo en la tarea, donde se lucía mostrándonos el arte de asar.
Para retribuirle el cariño que nos mostraba, en ese menester y en otras cosas, cuando había corridas los chicos recogíamos las crines y colas de los potros que se tuzaban y se las dábamos. Con ellas el Chivi hacía esas largas piolas de crines que servían para muchas cosas. Yo tenía una - sigue diciendo LUCÍA- él me hizo especialmente y que me regaló. Creo que fue uno de mis mejores regalos, de esos que los quieres mucho.
Pasó el tiempo y después, cuando la Estancia se dividió, como pasa con los hijos de padres separados, los peones de siempre se fueron con cada uno de los distintos grupos de la familia Chenaut. Me parece que Chivi se fue con los Bossi. Con nosotros, en el casco, quedó Eliseo Moreno, el legendario capataz de quien podría escribir un libro entero, entre enseñanzas, cariños y anécdotas que seguro comparten muchos de los q conocieron ese TAFI DE ANTES. Él estuvo recorriendo los cercos mañana y tarde hasta casi sus últimos días de vida, supervisándolo todo ¡Murió a sus 96 años! Fue una gran pena para nosotros y lo recordamos en cada momento.
¿El Chivi? ¡Siguió con las suyas ... y asando corderos a la cruz! haciendo asados exquisitos sin dudas. Dos grandes personajes del TAFI DE ANTES.
Post scriptum: no hemos podido conseguir ninguna foto del Chivi, si alguien llegara a tener con gusto la agregaremos, en su representación. En la segunda foto vemos a Don Eliseo Moreno

Las caricantinasQuizás algunos lectores no conozcan el vocablo, ¡menos mal que podrán golearlo!Para los lectores de TAFI...
14/03/2026

Las caricantinas
Quizás algunos lectores no conozcan el vocablo, ¡menos mal que podrán golearlo!
Para los lectores de TAFI DE ANTES fue parte de nuestra realidad cotidiana. Aclaro que yo nunca las use pero que no tengo nada en contra de aquellos que las tenían puestas hasta para dormir, o poco menos.
Lo primero que debo decir es que pocas cosas menos útiles en el TAFI DE ANTES que las caricantinas. La conformación del valle, sus lomadas las hacía poco menos que superfluas, salvo para echar facha. Reconozco que para correr la hacienda o la yeguada podían llegar a ser tener alguna función, pero esto era algo tan excepcional como las corridas. Esto estaba sobreentendido, pero a nadie parecía molestarle que se usaran.
Lo cierto es que había varios cultores que tratare de repasar, sin perjuicio de que algunos contemporáneos agreguen otros a la lista. Empezare con la generación que me antecedió. Entre los mayores, a veces se lo podía ver al Bebe Esteves, con ellas; dicen también que mi tío el Chivo” Jorge Bascary era de los que las tenían pintadas (para muestra ver la foto), obviamente que había otros que se me han borrado. Ya entre los de mi tiempo me acuerdo de: Enrique Casanova quien las usaba a veces, compartiéndolas con su hermano Roberto; Santiago Buffo; los hermanos Miguel y José Mendilaharzu, junto con su vecino Luis López Pondal; Pablo Frías Silva, a quien a veces se las robaba su hermana “la reina” María (único caso femenino del que tengo registro; Guillermo, José y Felipe Torres Leal; Machilo y Manuel Esteves; José Correa Uriburu; mi hermano Carlos carrillo, que heredo las que fueron de Jorge, en fin … Claro que cuando había “Vuelta al valle” aparecían otras, como no. En este caso, debido a las “dificultades” de la topografía del circuito, su principal función era la de proteger las piernas de la infaltable lluvia que solía hacerse presente por Las Carreras.
Muy distinto era el caso de los grandes paseos a Chasquivil o las travesías hasta Raco, donde si resultan muy útiles por lo la vegetación que se abría a los dos lados de las sendas. En estos casos con toda naturalidad se pedían prestadas y eran facilitadas sin mayor problema por parte de sus titulares.
Cuando se caminaba con ellas puestas iban haciendo un ruidito característico. Se acuerda, ¿no? Al terminar la temporada descansaban hasta la próxima, sobre alguna silla o enrolladas en un ropero, invernando hasta las aventuras del veraneo siguiente.
Sea como sea las famosas caricantinas ¡también eran p arte del TAFI DE ANTES! - Miguel Carrillo Bascary
PS: lamento no poder mostrar una mejor foto de alguna caricantina tafinista, pero es la única que tengo

¡¡ TORO¡!  ¡TORO!! (nota no apta para personas impresionables)En el TAFI DE ANTES, como en todo ámbito rural, lo cotidia...
08/03/2026

¡¡ TORO¡! ¡TORO!! (nota no apta para personas impresionables)

En el TAFI DE ANTES, como en todo ámbito rural, lo cotidiano estaba preñado de perfiles tan brutales como naturales, donde la vida se entrelazaba con la muerte, como tientos de silla matera. No había crueldad ni morbo.
Lo que voy a contar era un hecho habitual, que no por eso deja de ser tan duro como la vida misma, sea donde sea que transcurra. Claro que para los que vivían (y viven) en las ciudades la cosa despierta el espanto, aunque entre el asfalto despunten tragedias mucho más amargas y sin ningún sentido.
En el TAFI DE ANTES, entre las apacibles ocupaciones veraniegas se oían los gritos: ¡¡TORO ¡¡TORO!! y, al escucharlo, los changos corríamos a treparnos a las pircas. Casi enseguida se sentía retumbar cascos y pezuñas en la tierra y el ladrido de los perros, esperando un bocado por su esfuerzo. ¡Quién sabe desde donde venían!
En cambio, sí sabíamos que había dos destinos finales: la senda que salía desde la escuela para El Churqui [1] o la ribera del río, poco más allá del Badén, hacia el lado de La Angostura. Hasta ahí llegaba el cortejo de la víctima: el toro. Lazos curtidos de mil enlazadas sujetaban su testuz, otro lo tomaba por el cuello. Así iba el toro y, a sus pies, la jauría, azuzándolo implacable. A sus lados, la peonada en sus caballos, advirtiendo a todos con sus gritos, revoleando el arreador amenazante.
A veces (solía pasar seguido), en su terror el toro sacudía los lazos y, cortando a otro, se lanzaba enceguecido en busca de su libertad perdida. ¡Ahí te quería ver! La espantada era general, el toro disparaba sin destino perseguido por los perros y los peones mientras que entre ladridos, bramidos y galopes todo lo dominaba los gritos de ¡¡ TORO¡¡ ¡TORO!! Hasta que, en algún momento, volvían los lazos cerrase y dominándolo.
Llegados al lugar del suplicio todo se precipitaba. A veces la cosa era rápida, una certera enlazada de sus patas volteaba al animal, que caía en tierra con un sonido característico que todavía escucho en mis oídos. Manos callosas, acostumbradas a la faena se precipitaban y lo inmovilizaban sobre el suelo, esterilizando las últimas patadas. Ahí quedaba, bramando, con la lengua afuera y sus ojos desorbitados, sin entender, pero sospechando su destino. Los ijares palpitaban incesantemente y la cola revoleaba el polvo levantado.
Tomando el verijero se acercaba el diestro. Con un fuerte tirón otro lazo llevaba la mano derecha hacia adelante, desnudando la corva al cuchillo. Con precisos movimientos llegaba el fatal tajo y el postrer alarido del bicho inundaba el espacio. No bastaba con eso, la mano acerada penetraba hasta el codo en la osamenta, buscando y llegando la destocada al corazón. Era entonces que la sangre afluía a borbotones. Salía el cuchillo, no conforme aún, el brazo volvía a sumerguirse hasta apretar el órgano, con lo que más y más sangre salía, salpicando. Excitados, los perros ladraban y ladraban, mientras el mosquerío se precipitaba en la escena.
Eran segundos que parecían décadas, en pocos minutos cesaba el manado mientras, que las patas se estremecían en su último estertor, todo el cuerpo salpicado por espuma. No todo había terminado, ya exangüe el cuerpo, llegaba la rutina: limpiar el cuchillo en el cuero, recuperar los lazos y abrir al animal, por el medio mientras las manos humanas extraían las vísceras, botín de la perrada. Con más calma seguía el desuelle, lentamente, con entrenada maestría . Después … para que seguir ¡si está todo dicho!
Otras veces se palenqueaba al vacuno ante el recio poste, testigo y actor de mil sacrificios, hundido en la oquedad del recinto asqueante, cubierto por un barro pesado, oscuro, hecho de orines y sangre coagulada. Ahí quedaba, lo que fuera preciso, bramando hasta agotarse, con despidiendo a la vida. Hasta más tarde, quizás concediendo al bicho otra noche tafinista
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Esto que cuento era un suceso ancestral en la conducta de sus actores y una experiencia galvanizante para los chicos de toda edad que siempre pululaban, curiosos, asombrados y, por qué no, también espantados.
Lo que recreo con pobre prosa hay alguien que supo contarlo, tal cual, con voz recia y con la maestría del poeta, acompañándose del lento llanto de la guitarra. ¿Quién? ¡Jaime Dávalos! Con el silencio y la reverencia que demanda toda vida y toda muerte, hasta la de un toro, podemos escucharlo: https://www.youtube.com/watch?v=TXjCC80ZmAk Su padre, Juan Pablo Dávalos, poeta como él, escribió estos versos en 1916, cuando la Patria cumplía su primer siglo.
[1] Hoy correspondería a calle Los Palenques, casi con la esquina que forma el pasaje Canamico. Era un paraje ampliamente sombreado por los sauces, lindante con el lecho del río. También existían otros lugares de carneada. (La foto es referencial los toros tafinistos eran "ancudos" de flacos!)

TECHOS DE PAJALa arquitectura tradicional de Tafí se basa en cinco elementos esenciales: el adobe (en tapia o ladrillo),...
28/02/2026

TECHOS DE PAJA
La arquitectura tradicional de Tafí se basa en cinco elementos esenciales: el adobe (en tapia o ladrillo), la piedra, la madera, la caña, la paja y el cuero. Cada uno en su justa medida, combinados según métodos ancestrales de trabajo. Sobra comentar esto a quienes conocieron el TAFI DE ANTES, pero a los que no tuvieron la dicha de hacerlo no se les escapa la sutil armonía que expresan.
Por comodidad, la piedra se extraía de los ríos. El cuero se trabajaba a partir de los que aportaba la carneada. La madera debía buscarse en las quebradas, eligiendo los troncos más rectos que los alisos brindaban generosos. La paja se extraía de los cerros hacia el Infiernillo, donde el mayor largo de las muñecas permitía ahorrar trabajo. Mientras que las cañas, tenían diversos orígenes. Con el tiempo llegó “la porland” que debidamente alisada, coloreada y trabajada para dar la impresión de ser mosaicos, cubrió los pisos de las casas más acomodadas. En las que no, el piso siguió siendo la tierra apisonada.
Valga esto como una simple referencia sobre la que no abundaré, por el sencillo motivo de que hay excelentes trabajos sobre la arquitectura tradicional tafinista, de la que afortunadamente todavía subsisten muchos exponentes auténticos ¡quién sabe por cuánto tiempo más!
Hoy simplemente quiero que vos, lector de esta columna, testigo del TAFI DE ANTES o afortunado habitante de alguna casa que guarda estas características, te acuerdes, revivas.
¿Qué cosa? Simplemente todo lo que implica la foto que abre esta nota. Esa imagen que te cansaste de mirar cuando a la noche intentabas dormir, cuando perseguías la siesta con los ojos entrecerrados. Es esa imagen donde revivías los momentos del día, donde las sensaciones se apoderaban de tu persona, donde soñabas despierto, donde quizás volcabas tu angustia.
Es ese techo, donde el cañizo disciplinaba para siempre la paja que nació bravía sacudida por el viento del cerro, cinchada hoy con los tientos. Son esos gruesos largueros que te daban seguridad cuando afuera bramaba la tormenta golpeando con sus gotas el techo. ¿Cuántas veces contaste las hileras? ¿Cuántas figuras creías descubrir entre ellas, mientras las sombras jugaban con la luz de las lámparas a querosene o el pábilo de las velas? Un techo cálido y fresco, según fuera el caso. ¿Te acordás?
Miguel Carrillo Bascary

Hoy les comparto unas fotos que me mando   Eugenia Cáceres Mirande, hija de Ricardo Cáceres y de María Ángeles Mirande. ...
22/02/2026

Hoy les comparto unas fotos que me mando Eugenia Cáceres Mirande, hija de Ricardo Cáceres y de María Ángeles Mirande. Está tomada durante un paseo por Tafi, lo interesante es analizar la vestimenta de los excursionistas. No tiene desperdicio. En la primera destaca el largo de las polleras y los zapatos de gran taco. En ellos lo bueno está en el look, donde hasta se puede ver una corbata moñito. Fíjense también en los chambergos y en esos sombreros tipo "policía montada del Canadá". La chica con corbata, sin sombrero es su abuela, María Angela Paverini Peña.
No se pierda tampoco la mirada de admiración del muchacho del centro, totalmente extasiado en la contemplación de la bella, que también recibe una arrobada mirada del joven de pelo crespo y corbata pajarita. Al costado otro excursionista fuma p**a. No es factible identificar el lugar y, afortunadamente sabemos el año de la toma 1939!
María Ángeles se caso con Enrique Adolfo Mirande Duval con quien tuvo como hijos a varios asiduos veraneantes de Tafi: Enrique, Raúl, Eduardo, Guillermo, María Angela, Carlos, Jorge y María Eugenia

TAFI EN LIBROS Y REVISTASUna de las necesidades básicas en el TAFI DE ANTES era la lectura. No solo porque se disponía d...
21/02/2026

TAFI EN LIBROS Y REVISTAS
Una de las necesidades básicas en el TAFI DE ANTES era la lectura. No solo porque se disponía de tiempo para dedicarle sino porque resultaba imprescindible para los días de lluvia. Aún en cuando estaba con sol los libros acompañaban las siestas y las noches, cuando no había bailes, guitarreada, juegos de mesa o de naipes.
Según la franja de edad los gustos variaban empezando con las revistas mexicanas, el Tony, D’Artagnan e Intervalo, sin olvidar a Patoruzú, Patoruzito, Isidorito, ni a Mafalda. Los chicos consumíamos la amarilla colección Robin Hood y la menos popular “Historias”. Para los deportistas eran esenciales “El Gráfico” y “Goles”, mientras que los pocos tuercas de ley no teníamos más remedio que encargar expresamente a Ravich que nos trajera “Automundo”, claro que llegaba los jueves, cuando en Bs. Aires salía el martes; ¿Corsa?, era inexistente. Tratando de “cultivar a las nuevas generaciones” los grandes nos incentivaban para hacernos leer Billiken, Selecciones Escolares y Anteojito. Esto me hace acordar a otro clásico “Selecciones del Reader’s Digest” un compendio inagotable de temas, textos cortos y amigables que contaban con gran aceptación.
El público femenino contaba con amplia variedad, desde Radiolandia y Antena a Claudia, junto con Para Ti y Corín Tellado, más otras del género fotonovelas, que no me acuerdo porque yo no las leía ni obligado. Entre las publicaciones de actualidad resultaban “7 Días, Gente, también la muy sensacionalista “Así”, tenía lectores.
Claro está que el fuerte estaba en las novelas de todo tipo: históricas, de detectives, de aventuras, todo era válido. Muy popular era la colección “Grandes Novelistas”.
Todo este cúmulo literario pasaba de mano en mano y de grandes a chicos. Lo curioso es que cuando terminaba la temporada lo leído quedaba arrumbado en insospechados rincones de las casas, de tal modo que al año siguiente muchas revistas, sobre todo, podían reciclarse.
Me olvidé de señalar que en el TAFI DE ANTES no había biblioteca pública, ni tampoco librerías, por eso cuando se trataba de libros había que tomar previsiones y subir al valle con una buena provisión que alcanzara para todo el veraneo. El lugar de ventas por excelencia era Ravich, al que después se agregó Roa.
Creo que cada lector podrá aportar sus propias anécdotas y comentar sus gustos.
Personalmente guardo un extraordinario agradecimiento a un mueble que atesoraba unos cien libros de la Biblioteca del Diario La Nación. En nuestro caso era parte de la colección completa que había comprado mi bisabuela Dorotea Cossio de Vallejo y que recibía puntualmente, tanto en la ciudad como cuando veraneaba en Va. Nougués. Cuando se desarmó la casa que ahí tenía la familia una gran parte fue a dar a Tafí, doné la “descubrí” a mis diez años y me acompañó hasta que terminé el secundario. La foto de uno de ellos ilustra esta nota, con su encuadernación en tela de distintos colores, decoración art nouveau que contenía los grandes best sellers publicados entre 1901 y 1920. Por lo que pude averiguar más tarde era habitual que esta colección se encontrara en muchísimas casas de campo. La variedad de títulos y de estilos la hizo un producto cultural de excelencia y también muy popular. Hace unos años publiqué sobre esto “Una sorprendente historia” que los interesados podrán ver en http://banderasargentinas.blogspot.com/2021/11/una-sorprendente-historia-en-el-tucuman.html
La foto que les muestro me la facilitó mi hermano Joaquín, tiene la particularidad de contar con la firma de mi abuelo el Dr. Enrique Bascary y de Wenceslao Liborio, que trabajó como peón de la casa por varios años. De esto se deduce que alguna vez lo llevó prestado … y que ¡cumplió con devolverlo!
Claro está que algunos no agarraban un libro ni por broma y que preferían el truco u otra cosa, pero para muchos de los que pudimos g***r del TAFI DE ANTES, además del veraneo, los cerros y el andar a caballo, Tafí era sinónimo de lectura. - Miguel Carrillo Bascary

ME VOY PA'L MOLLAR EN CLAVE DEL TAFI DE ANTES (por Miguel Carrillo Bascary).Julio de la Vega, me mandó una muy linda ver...
17/02/2026

ME VOY PA'L MOLLAR EN CLAVE DEL TAFI DE ANTES (por Miguel Carrillo Bascary).
Julio de la Vega, me mandó una muy linda versión de “Me voy pa’l Mollar” (Indio Universo) que me pareció oportuno compartir con Uds., sumándole algunos comentarios.
Seguramente la habremos escuchado cantar mil veces, en muchísimas versiones, a cargo de artistas consagrados. También en alguna galería tafinista o, directamente, bajo la Luna de Tafí, con el marco de los cerros renegridos y los tutu tucu dando vueltas por ahí.
Siempre será una novedad porque cada canción tensa las cuerdas del alma y nunca sale igual. Hasta tal punto esté encarnada en la argentinidad que basta escuchar unos pocos versos o sus característicos rasgueos en guitarra para que nuestra memoria repita los que siguen o, al menos, que aflore la continuidad de su música en nuestras cabezas.
La zamba fue compuesta por Hugo De Sanctis y Jorge Berchesi (Jorge Viñas). Su temática es esencialmente romántica, obviamente se centra en El Mollar, como un ámbito apacible anhelado, en que la pareja piensa vivir una vida simple, plena, superando los chimentos de su entorno.
Destaca su estrofa en quechua que recoge un aire tradicional, donde se invoca al Niño Jesús, a la Mama Virgen y al Santísimo Sacramento, integrándolos en una dimensión trascendente que se hace parte del amor compartido.
No resulta de su letra, pero sí de su contexto, que los protagonistas están en El Bajo, al que presumiblemente fueron a levantar la caña y que se vuelven al Mollar que resulta ser “su lugar en el mundo”. El ir y venir al compás de la zafra es una realidad subyacente común a la gente de los valles, al par que se evocan los orígenes ancestrales de las etnias cerreñas.
Para escucharlo bastará que pulsen el link: https://www.youtube.com/watch?v=xzZO7FEjcIg
Y, para gustar mejor de su letra se las trascribo:
“Me voy pa'l Mollar.
Allá no saben de cuentos,
ni menos celar.
Me voy p'al Mollar.

Yo soy la silvestre flor,
que allá en el monte ha nacido,
soy del jardín del olvido
marchitada y sin verdor.

Sabí que vidita
me celan con vos,
hagámoslo cierto,
nos vamos los dos.

Año nuevo pacari
Jesus Niño canchari,
tintillallilla lincho,
corale llillai llincho,
Mama Virgin copaica,
Mama Virgin copaica,
Santisimo Sacramento
Jesuscristo llallanchis,
veloquitai quincharé,
velei rosa sanchansá,
velencio, velencio,
veleirosa sanchansá,
veloquitai quincharé,
Mama Virgin copaicá.

Bien haiga la piedra lisa
que en ella me resfalé,
bien haiga mi negro lindo,
que de él yo me enamoré.

Palo'i chalchal,
palo'i nogal,
par'eso me has traido
pa'verme llorar.

Aguacero pasajero
no me mojes el sombrero
que a vos no te cuesta nada
y a mi me cuesta dinero.

Me voy pa'l Mollar.
Allá no saben de cuentos,
ni menos celar.
Me voy pa'l Mollar.

Me voy p'al Mollar…”

¡UN TESTIMONIO EXCEPCIONAL!José María Posse me manda a pedido de Alcirita Paz Posse, para publicar en TAFI DE ANTES el r...
16/02/2026

¡UN TESTIMONIO EXCEPCIONAL!
José María Posse me manda a pedido de Alcirita Paz Posse, para publicar en TAFI DE ANTES el relato que hace algunos años hizo su mamá, Alcira Cossio Frías de Paz Posse, y que se publicó en la “Revista del Club de Veraneantes”, de 2011. Para mí es un gusto enorme hacerlo porque tengo muy presente a la autora, a quien particularmente conocí a través de las anécdotas que nos sabía contar mi madre, Clara Elena Bascary, de su prima y amiga dilecta. Aunque Mamá se fue a vivir a Rosario a poco de casarse, Alcira estaba permanentemente presente en su memoria y nos trasmitió este cariño, junto con las “iniquidades” que hacían en conjunto, contando con la colaboración de otras de sus entrañables amigas (no las nombro porque tendría que afectar toda una página). Las “hazañas” y los “sucedidos”, abarcan diversos “teatros de operaciones”: Villa Nougués, el Ingenio, la ciudad de Tucumán (particularmente el Colegio “Santa Rosa”) y, por supuesto, Tafí. El TAFÍ DE ANTES que compartió con Alcira y del que ella nos cuenta. Introduzco algunas aclaraciones entre paréntesis para una mejor comprensión de los lectores que tienen menos años.
Alcira Josefa Lidia Cossio Frías, aunque solo usaba el “Alcira”, era hija de María Elvira Frías Helguera y de Alberto Vicente Cossio Lacavera.
Un beso al cielo, Alcira, en nombre de Mamá. Gracias José María por traérmela a mi presente – Miguel Carrillo Bascary

“MEMORIAS DE MI TAFI (por Alcira Cossio Frías)
Mi querido sobrino “Pita” Poviña me pidió que escribiera mis recuerdos del Tafí que viví y amé de todo corazón. Les va a parecer fantasía, pues todo aquello ya no existe y sólo está en mis recuerdos.
TAFÍ -Íbamos a caballo desde Santa Lucía. Sé que me llevaba por delante Pedrito Carrazano, recuerdo, o creo recordar la lluvia, el cansancio y el chapoteo de las pisadas de los caballos. Sí recuerdo llegar al (campamento de la Dir. Prov. de Vialidad) “El Nogalar”, a donde nos esperaban los caballos de “Las Carreras”, que nos mandaba el tío Justiniano (Frías), todos eran tíos nuestros, llegar por el faldeo del Ñuñorco, el Vado de los Patos y La Angostura. Y ahí estaba, el Valle. ¡Cuánta grandiosidad y esplendor! ¡Cuán verde era mi valle!
Llegábamos a “La Villa” por la calle larga (hoy “Gobernador Critto”) y la cancha del avión, llena de sauces y pircas. Todos cortados a la misma altura por la hacienda. “Los Cuartos”. El almacén de Amín, (las casas de) Enrique y Julio Terán, la Comuna, el famoso almacén de Don Goyo, el Correo, la Pensión (más tarde “Hostería Floresta” y hoy “Hotel Colonial), (la pensión) “La Rosada”, la Capilla Vieja (hoy, parroquia Ntra. Sra. del Carmen), (la casa de veraneo de los Padres) Lourdistas (justo a su frente, calle de por medio), “Villa Margarita”, la (casa de la) “Abuela Lola” y (el casco de la estancia) “Las Tacanas”.
LA BANDA - No había vados ni puentes, todo era a caballo. Pasábamos el río de “La Banda”, el Zanjón y llegábamos hasta (el casco de la estancia de) “La Banda” y “Entre Ríos”. Nos llamaban “los bandeños”, los Zavalía Frías Silva y los Cossio Frías. Una infancia feliz, libres como el aire, invitados y cuidados por todo el Valle. Íbamos a casamientos, fiestas y bailes. La “Mayoyi “ (Zavalía) y yo éramos las campeonas de las zambas y el palito, que bailábamos con “Heche Peche” (José Clemente Zavaleta).
La única condición que nos ponían nuestros padres es que, si por 15 minutos llovía fuerte en el (cerro) Muñoz, nos quedáramos a dormir en La Villa. La (casa de la) “Abuela Lola” (Juana María de los Dolores Bascary Esteves), “Villa Margarita” o “Las Tacanas”, eran nuestros albergues.
ENTRE RÍOS - Fue herencia de mi abuelo Ricardo Frías. Contaba de tres habitaciones, que fueron el granero de los Jesuitas. Luego, bastante después, vinieron las ampliaciones y reformas, como está hoy. Se llevó el baño instalado, a lomo de mula.
Se llamaba “Entre Ríos”, como su nombre lo indica, porque estaba rodeado de agua. La acequia jesuítica que hacía andar el molino rodeaba la casa y terminaba en el río de “La Banda”, que era el límite del lado opuesto. Por lo que la casa quedaba en el medio de las aguas, a lo que se debe su nombre. El viejo molinero nos daba ulpada, que es trigo molido con azúcar, lo que nos hacía vivir atorados. (La ulpada es una bebida ancestral del Norte en base a la harina de trigo o maíz tostado, agua fría y azúcar, muy energizante)
RECUERDOS - Las crecientes eran bravísimas. Traían sauces, toros y a veces personas. Si eran de noche, evacuábamos a “La Banda”, porque el río pegaba fuerte en casa y llegaba el agua hasta la galería.
Papá pactó con el tío Clemente (Zavaleta), eran muy amigos, para desviar el río por El (potrero) Ciénego (que pertenecía a la estancia de “El Churqui”). Así se le ganaron metros, cuando se hicieron las defensas, y el río quedó encauzado más lejos de la casa. Tío Clemente le reclamó a papá, pero papá pícaramente contestó: “Alambremo´ y se callemo´”. Los morros del Pelao eran nuestro escondite preferido. La “Matuchita” (Matilde Cossio Zavalía), severa, nos retaba continuamente, porque hacíamos macanas.
En la capilla de “La Banda”, había un túnel donde los jesuitas se escondían cuando llegaban los malones (sabemos que esto de “los malones” es una fantasía muy difundida), y salía en el Zanjón. El “Tati” lo cerró, porque tenía miedo de que se nos derrumbe encima. Había esqueletos y unas cañitas que salían del techo para respirar. En el Zanjón encontrábamos collares y pulseras, tinajas y hachitas indias. Pero teníamos que darlas al tío Justiniano (Frías), para el museo de La Banda.
De noche sentíamos el joy-joy, que los lugareños pasaban cantando. Era un canto largo y lastimoso, que parecía que no tuviese letra. Me llenaba el corazón de tristeza.
El tío Pedro, en la galería de “La Banda”, comentaba sentado con su poncho y su sombrero, a todo aquel que pasaba a caballo frente a la galería: “Ese moro va a costalear, el zaino está manco y el jinete borrachito”. La tía Matilde (Cossio Zavalía), jugando al sapo. Papá peleando con el río y sus caballos, que eran muy briosos, los domaba con espuelas. Mamá, que no le gustaba mucho andar a caballo, tejía todo el tiempo. “Buby” (Alberto Cossio) y la Many (María Elvira Cossio, su hermana) todo el día con “los churqueños”: Emilita y Lucas (Zavaleta). El tío Justiniano, amplió en “La Banda” sus dependencias. Y espiábamos sus divertidas reuniones con los poetas monterizos.
LAS CARRERAS CUADRERAS - La cancha era frente de Los Cuartos (entre la curva a 90 grados que hace la avenida “Gob. Critto”, al llegar a lo de Alvarez, y la Terminal). El jockey de “La Banda” era mi hermano Ricky. Discutí un fallo, que para mí era puesta (empate), con el tío Guillermo Chenaut. Tuve que pedirle perdón, y me costó una semana sin caballo. A los ganadores, los premiábamos con una corona de maravillas, hechas con varillas de sauce.
NUESTROS PASEOS A CABALLO
LA VUELTA AL VALLE: “Las Carreras”, “El Rincón” y “El Mollar”. Cuando se vendió (la estancia de) “El Mollar”, nos causó a todos mucha pena. Para llegar al Ojo de Agua, pasábamos por la cueva del “Viejo Petaquero” y llegábamos a las playitas, donde nos bañábamos y dejábamos pasmados a los caballos, de tanto galopar por al agua.
OTROS PASEOS ERAN: La “Lomita Verde”, la Micuna y sus ruinas, “La Ciénega”, el Negrito, el Ñuñorco, mitad a caballo y mitad a pie.
AL MATADERO, salíamos a las 5 de la mañana. Papá decía: “Arriba changos, está rociando el Muñoz, hay que ensillar”. Volvíamos a la noche, y contemplábamos de arriba el Bajo iluminado.
El olor a manzana de la casa de los Álvarez. El olor a anís de la Fermina, en el Lamedero, a donde íbamos a comprar las rosquitas.
“Pepe” Frías, era el “Duque de Frías”, herido en Lepanto, nos hacía rendirle pleitesía. Eugenio Chenaut y sus versos del “Martín Fierro”, con su poncho azul y su caballo “Chachacoma”.
La llegada de “Atahualpa” (Yupanqui) a Tafí: nos daba su concierto en la pensión, sentado en una silla. Y había que hacer silencio total. No le gustaba que le pidan qué canciones tocar. Él tocaba lo que sentía en ese momento. Sólo lo interrumpía el tintinear de las espuelas de Clementito Zavaleta. Le decía: “Zavaleta, deje de molestar”.
La novena de (Nuestra Señora de) Lourdes; todos los febreros íbamos a la capilla a rezarla. Penitencia si faltábamos.
Las corridas de la hacienda vacuna y lanar de “Las Tacanas”, que entraba por La Villa. Con el “Bebe” Estévez y el “Negro” Buffo, a los alaridos, con los lazos. Eusebio (Chenaut) con su lazo, hacía maravillas.
Mi ovejita “Blancanieves”. Después de una corrida quedó en el corral. El “Bebe” me la puso en los brazos. La crie con mamadera, y era mi alegría.
ME FUI DEL VALLE - Cuando me casé, Ramón (Paz Posse) me dijo: “Mi lugar no es éste”. Pregunté a mis hijos, los cuatro primeros, adonde quería veranear. Me contestaron unánimemente: “Queremos Raco”. Y aquí estoy, en mi “Sauce Yacu” querido, que llenó de felicidad nuestras vidas. Y es mi residencia actual.
A los tafinistos: el Valle ya no es mío. Ahora es de ustedes. Cuídenlo”.

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