Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas

Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas La Iniciativa busca completar el Banco de Muestras de Sangre de familiares para la Identificación de Personas Desaparecidas por el Terrorismo de Estado

14/01/2016

¿Hay que pagar?

No, todo el proceso es completamente gratuito.

05/01/2016

Institucional de la herramienta con la que la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y el Equipo Argentino Antropología Forense (EAAF) se propone aument...

22/12/2015
11/12/2015

MEMORIA DE GESTIÓN 2012 - 2015

Compartimos un excelente material para conocer a fondo la gestión 2012 - 2015 de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Podrán conocer los objetivos y logros de estos últimos tres años, y todas las áreas que trabajan por los derechos humanos a nivel nacional.

Descarga en formato PDF: http://goo.gl/IWuxVh

Acerca de la Memoria de Gestión, por Martín Fresneda: http://goo.gl/aUDbg8

09/12/2015

INFORME DE INVESTIGACIÓN SOBRE VÍCTIMAS DE DESAPARICIÓN FORZADA Y AS*****TO, POR EL ACCIONAR REPRESIVO DEL ESTADO Y CENTROS CLANDESTINOS DE DETENCIÓN Y OTROS LUGARES DE RECLUSIÓN CLANDESTINA.

El trabajo que se presenta, de relevamiento de fuentes documentales y sistematización, tiene como ejes las víctimas de desaparición forzada y as*****to y los lugares de detención clandestina. Es la conclusión de una etapa inicial, que tiene proyectada para los años venideros, la investigación sobre personas que han estado en situación de desaparición forzada y luego recuperaron su libertad, para completar así un estado de situación que abarque a todas las víctimas.
Programa Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado (Resolución Nº 1261 del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos)
Secretaría de Derechos Humanos
Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación
Con la intención expresa de recibir preguntas, comentarios, correcciones y actualizaciones que no hubieran sido incluidas, la dirección de correo electrónico [email protected] se encuentra habilitada a estos fines.

http://www.jus.gob.ar/derechoshumanos/areas-tematicas/ruvte.aspx

Sitio del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, Presidencia de la Nación, República Argentina

Mañana, estaremos en el ex centro clandestino de detención "Club Atlético" difundiendo la Iniciativa Latinoamericana par...
05/12/2015

Mañana, estaremos en el ex centro clandestino de detención "Club Atlético" difundiendo la Iniciativa Latinoamericana para la identificación de personas desaparecidas. También podrán dejar su muestra de sangre los familiares que aún no lo hayan hecho. Los esperamos!

19/11/2015

La identificación de personas desaparecidas durante el terrorismo de Estado

Desafíos para el futuro inmediato

Los avances científicos en las técnicas de identificación humana han permitido en los últimos años obtener resultados muy positivos, especialmente aplicables en nuestro país a la identificación de restos óseos de víctimas de desaparición forzada. Mediante la comparación de perfiles genéticos de los restos óseos y de los familiares biológicos de las víctimas, se han logrado desde el año 2007 más de 360 identificaciones, con la implementación del proyecto de cooperación “Iniciativa latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas” entre el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y el Estado Argentino.

Para que esto sea posible confluyen toda una serie de tareas indispensables que se complementan y articulan. En primer lugar, la recuperación de nuevos restos de presuntas víctimas que realizan equipos de arqueólogos y antropólogos del EAAF en cementerios de todo el país y del CAMIT en Tucumán.
Las tareas de investigación y sistematización que realiza la Secretaría de Derechos Humanos a través del Registro Unificado de Víctimas (RUVTE) aportan la información necesaria para la formulación de hipótesis y el diseño de estrategias en pos de obtener muestras de sangre de las familias que aún no han participado de la campaña de recolección de muestras.

Por otro lado, se ha logrado en el último año avanzar en la identificación de víctimas a partir del hallazgo documental de huellas dactilares en legajos de personas enterradas como N.N. que fueron muertas en episodios violentos, la gran mayoría enfrentamientos fraguados y ejecuciones sumarias de personas secuestradas previamente.
Se trata de un proyecto del EAAF junto al Ministerio de Seguridad de la Nación, con la participación de la Cámara Federal y la Secretaría de Derechos Humanos, que ha permitido realizar unas 40 identificaciones por la vía documental pudiendo así brindar a las familias información certera sobre el destino de su familiar desaparecido.

Los juicios por delitos de lesa humanidad y las tareas desarrolladas en los Sitios de Memoria donde funcionaron centros de detención clandestina han sido de vital importancia para la obtención de nueva información y nuevos testimonios.

Muchas de las técnicas y procedimientos que se han desarrollado comienzan a ser utilizados para el esclarecimiento de delitos cometidos en la actualidad, y para la identificación de personas desaparecidas desde el retorno de la democracia, como ser víctimas de la trata o de violencia institucional, brindando al futuro herramientas para combatir la impunidad.

Todas estas tareas responden no solamente a obligaciones del Estado Argentino en materia de Derecho Humanitario y compromisos asumidos de reparación a las víctimas, sino fundamentalmente al compromiso institucional por frente a la demanda histórica de los organismos de Derechos Humanos y el conjunto de la sociedad por políticas de Memoria, Verdad y Justicia y la efectiva realización de Nunca Más en nuestro país.

A pesar de todos estos avances, restan desafíos importantes para el futuro inmediato que implican profundizar algunas de estas políticas.

Principalmente, resulta prioritaria la obtención de muestras biológicas de los familiares. Cerca del 40% de las familias de los desaparecidos no han brindado su muestra de sangre, y el paso del tiempo atenta contra la posibilidad de obtener muestras de sus padres y hermanos.

Todavía hay una gran cantidad de esqueletos que no han podido ser identificados, y el hallazgo de nuevos restos resulta cada vez más dificultoso. Para ello es necesario el compromiso del Poder Judicial en el resguardo de posibles sitios de enterramiento, además de dar mayor curso a las investigaciones sobre los predios militares donde funcionaron lugares de detención. Los hallazgos de restos en predios del Ejército en Córdoba y Tucumán demuestran que esas tareas deben extenderse al todo el país.

Por último, es fundamental que los procesos judiciales en curso no se detengan. El acceso a la verdad no puede ir disociado del acceso a la justicia. Cada nueva sentencia debe arrojar luz sobre el destino de las víctimas, así como cada nueva identificación debe orientar una investigación profunda sobre los responsables del as*****to y el ocultamiento.

10/11/2015

Compartimos un texto de Fernando Araldi Oesterheld, escritor y poeta secuestrado junto a sus padres en 1977 en Tucumán. Su madre, Diana Irene Oesterhel, se encontraba embarazada al momento del secuestro y aún permanece desaparecida. Su padre, Raúl Ernesto Araldi, fue asesinado pero su cuerpo nunca fue entregado a la familia. Sus restos fueron identificados por el EAAF en el año 2011. Sobre ese encuentro escribió Fernando.

“Nací en junio de 1975, en la ciudad de Buenos Aires. A los dos años perdí a mi padre, a los treinta y cinco lo volví a recuperar.
Había pasado una noche muy larga, muy oscura, llena de fantasmas, arañas y vampiros, y llena de sol, por qué no, y llena de vida, por qué no.

Pero ahora el equipo de antropólogos forenses me lo devolvía en forma de huesos que entraron en mi cuerpo y que no se quieren ir. Es verdad, son sólo huesos, pero son eso y mucho más.
Sus huesos ¿mis huesos? sus gestos ¿mis gestos? Porque ya no me siento solo: yo soy yo, yo soy él; soy los que no están, tal vez los por venir. Y digo “en forma” de huesos, porque antes siempre había estado presente en forma de pensamientos, anécdotas, relatos, fotos, recuerdos (de familiares, amigos, compañeros de colegio) nunca míos, lamentablemente.

Ya no lo esperaba, porque aunque siempre supe de su muerte, Videla, con su famoso y nefasto bautismo “desaparecidos”, logró que, hasta cierto punto de mi vida, nunca contemplara la posibilidad real de recuperarlo. A él y al resto de mi familia. Los torturaron, los asesinaron; los enterraron. Pero en definitiva, la dictadura, con su sistema de eliminación nos venía a imponer que eran personas desintegradas en el aire, cuerpos disueltos en el viento como se disolvieron en el último segundo sus últimas palabras.

Asesinar.

Desaparecer.

Los mu***os más etéreos, los mu***os más escondidos, los mu***os más metafísicos.

Así que ahí me encontraba, en las oficinas del EAAF (los antropólogos) recibiendo la noticia. Así que ahí la parálisis. Las ganas de saber, las preguntas, las dudas, los cómo, los cuándo, los porqué. No pude llorar. Pero sí emocionarme internamente y agradecer a Pablo y a Cecilia, del equipo de antropólogos por todo lo que me estaban devolviendo.

Y sólo la distancia se interponía a las ganas de verlo en ese mismo momento: Raúl Ernesto Araldi fue encontrado en San Miguel de Tucumán, en el cementerio municipal Norte (el de los pobres, según me dijeron) donde lo mataron en agosto de 1977, casi exactamente un año después del secuestro de su mujer, mi madre, embarazada de 6 meses, también en Tucumán, donde se habían mudado por cuestiones de militancia. Aún no sé con certeza si mi hermano/a nació, ya que desde el momento del secuestro de mi madre, Diana Oesterheld, hija de Héctor Oesterheld, guionista de historietas desaparecido en abril del 77, nunca hubo un dato concreto o indicios de dónde se podía encontrar. Yo estaba ahí. Y me trasladaron a la Casa Cuna como NN de donde mis abuelos paternos me rescataron a mediados de agosto de 1976.

Salí de la oficina en estado de shock. Llamé a mi padrino, Adolfo, íntimo amigo de mi viejo, de quien su primer hijo mi padre es el padrino, y su segundo hijo se llama Raúl en su honor. A Adolfo lo conocí poco tiempo antes, y si bien lo había visto una sola vez en toda mi vida hacía ya mucho tiempo (creo que yo tenía 7 u 8 años), lo sentí siempre muy cercano desde el momento del reencuentro. Después llamé a mi primo Martín y a mi abuela Elsa (familia por parte de madre) y les dije que tenía que anunciarles una noticia, que los esperaba a cenar porque a ellos sí se los quería contar personalmente, como también lo hice con mi familia paterna sólo un par de días más tarde.

Entonces sí llegó el momento de brindar y festejar por haberlo recuperado, y sobre todo porque ya no es más un desaparecido, está claro, sus restos son la prueba de que ahora es un asesinado por la dictadura, y ve la luz y se hace cuerpo después de tantos años de silencio.

A pocos días de recibir la noticia, viajé a Tucumán, tomé en Retiro un colectivo que me dejó a la mañana siguiente en pleno centro de la ciudad, e inmediatamente llegué al lugar donde él me esperaba. Ya había estado antes en San Miguel, reconocía su gente, sus calles, su olor. Llego al lugar, una especie de galpón depósito, de color amarillo, se abre la puerta y me da la bienvenida Selva, del EAAF, la encargada de mostrarme los restos de mi padre y me conduce hasta un anexo más pequeño, cruzando un patio, donde sobre una mesa yace su esqueleto, milimétricamente armado y a la perfección. Rodeado de cajas llenas con los restos de varios compañeros, a la espera de ser identificados y tener vida nuevamente más allá de la memoria de sus seres queridos.

Ahora sí, como un mapa, como un territorio a explorar se extienden esos huesos que forman sus manos, su pecho, sus piernas, los cuencos de sus ojos. Y Selva mirándome. Y preguntándome ¿te dejo solo? NO. Por favor no. Vení, contame. Quiero saber. Por dónde entraron las balas, por dónde salieron. Quiero saber. Cuál fue la que lo mata. ¿Estaba solo?
¿Acompañado? ¿Por quién? ¿Cuáles habrán sido sus últimas palabras? Y Selva habla. Y yo la escucho. Y mi viejo me mira, de alguna forma me mira, y me acerco, muy cerca, tratando de escuchar su voz, que nunca llega, y le toco la frente, tan fría bajo tierra, tan cálida ahora sobre la mesa, y por fin escucho su silencio, como un susurro implacable, lo escucho hablándome, riéndose porque estamos más juntos que nunca, él adentro mío y yo adentro de él; yo adentro mío y todos adentro de él.
Hay que esperar. Todavía más. Que un juez firme una orden para poder trasladarlo a Buenos Aires.

–Pero me lo quiero llevar ya.
–No se puede. Sin la orden no se puede.
–¿Cuánto tarda?
–Tal vez dos, tres semanas, un mes como mucho.
–Está bien. Pasado mañana vuelvo a Capital y lo espero.

Y cae una sombra como una nube -negra cubriéndolo todo.
Las pesadillas. El miedo a dormir. Sí, el miedo a dormir. Saber que cerrar los ojos es casi una sentencia de que “algo va a pasar”. Tener que cerrar todas las puertas antes de apagar la luz. Taparme con las frazadas desde la punta de los pies hasta el último pelo de la cabeza. Perder dos manojos inmensos de llaves en el inmediato transcurso de un mes. No querer salir de ese útero llamado casa. No querer ver a nadie. No querer hablar con nadie. Apagar el celular. No revisar los mails.
De golpe yo, que no me siento hijo, que no me siento primo, que no me siento sobrino y que no me siento hermano, de golpe lo soy.

De golpe la vida es otra cosa.

La sangre corre diferente. Ya no se respira igual.

En el centro del vacío, algo se llena.

Recuperar un padre desaparecido por la dictadura implica muchas cosas, pero nunca quise cerrar nada, más bien todo lo contrario. Para mí es un proceso de apertura, que todavía dura.
El EAAF me ofreció contención psicológica (nunca había hecho terapia) y acepté. A raíz de la recuperación de sus restos conocí a mucha gente, muchos compañeros de militancia en Tucumán, algunos compañeros de la facultad, y de casualidad también al ex juez Juan Manuel Yalj, que fue quien se sentó en el banco de al lado y fue mejor amigo de mi padre desde el primer al quinto año del secundario, y a través de él a Guillermo Echavarría, otro compañero, apodado “el gordo”.

Y todos ellos, junto a mis familiares que lo conocieron, me ayudaron y me siguen ayudando a tener un padre de carne y hueso. No un héroe. No un mártir. Un hombre. Que es esencialmente un militante social, participante activo de la lucha armada integrado a la organización Montoneros, que puso su cuerpo, su mente y su voluntad en tratar de cambiar la sociedad por una más justa.

Entonces ellos me cuentan: cómo fue de adolescente, cómo fue de joven, qué música escuchaba, qué no, qué leía ¿leía? ¿le gustaban los cuentos? ¿le gustaba la poesía? ¿jugar al futbol? ¿en el secundario, ya se metía en política? ¿era encarador con las mujeres? ¿tímido? ¿era hippie? ¿le gustaba el rock, las bandas de acá?

Todo lo necesario (y me atrevería a decir lo más necesario) para que uno pueda seguir adelante con su vida. Me refiero a los que tenemos una gran parte de nuestras vidas dedicada a “buscar”. Voces, restos, historia; anécdotas, recuerdos. Traer de abajo de la tierra y desde un no-lugar lo que nos permita salir a flote. Como en el juego de la vida: uno o dos casilleros para atrás, ciento nueve para adelante.

Entonces, ¿para qué cerrar? Sería como entregarlo a él de nuevo al silencio. Enterrarlo de nuevo sin su nombre. Arrancarle de nuevo sus ojos.

El día que lo mataron estaba solo. Y por eso tuve mucha suerte en recuperarlo, ya que en esos casos, la logística para deshacerse de un cuerpo era enterrarlo solo; nunca en fosa común, lo cual significa un trabajo mucho más fácil para el EAAF a la hora de ubicarlo.

Mu**to en soledad, enterrado en soledad.

Su madre, mi abuela, se llama Soledad. Y curiosamente la vida me hace un regalo. Juan, el padre de mi padre, mi abuelo, falleció en el año 2007, y ella, en el año 2009. Nunca los enterré y conservé sus cenizas por todo ese tiempo, como si una intuición muy íntima y profunda me lo hubiera impedido de alguna forma.
Y pasaron dos años intensos de terapia y por fin llegó el momento de enterrarlo.

Y como si fuera el mejor de los cuentos, el mejor de los guiones cinematográficos, tuve la enorme felicidad de poner a los tres en el mismo nicho.

Si la vida tan rápido los había separado, yo era el encargado de volverlos a unir, simbólica y literalmente.

Una alegría enorme, un regalo de la vida, ya lo dije, el placer de poder ser quien hiciera posible semejante acto. Entonces sí, llegaron algunos del interior, se arrimaron muchos de Capital, familia, amigos, compañeros de sus años de estudiante a la ceremonia de ponerlo a descansar en un lugar donde por fin lo podemos llorar cuanto queramos. Una ceremonia de festejo. De bienvenida, nunca de despedida. Por eso y para eso nos juntamos, para recibirlo, para abrazarlo.

Ahora ya le puedo hablar cara a cara: se dice que nadie está preparado para ser padre; yo no estaba preparado para ser hijo a los 35 años. Porque hasta que fui casi un adolescente, cuando me hablaban de él sentía que me hablaban de algún pariente lejano.

Ya no.

Y todavía no aprendí. Pero hoy descansa en un lugar donde lo puedo interrogar, donde lo puedo sentir muy cerca, casi tocarlo con las palmas de las manos. Y en su nombre y sobre su tumba a todos los demás.

Como me dijo Guillermo Echavarría, el Gordo, en el entierro: “Ahora está de vuelta donde pertenece, entre nosotros”. Y podemos estar los dos en paz, es mi deseo, porque en definitiva eso es lo que más anhelamos: estar en paz con nuestros mu***os y que nuestros mu***os estén en paz con nosotros.

Por eso, y por mucho más, bienvenido seas y salud, porque ya no sos más un manto de silencio.”

Fernando Araldi Oesterheld

05/11/2015

Cuatro nuevas identificaciones en el Pozo de Vargas, Tucumán.

El Juzgado Federal Nº 2 de Tucumán informó que fueron identificados restos óseos hallados en dicha provincia, en las excavaciones que se están realizando en el llamado "Pozo de Vargas", lugar clandestino de enterramiento de los restos de víctimas de la última dictadura cívico-militar.

Los fragmentos óseos cotejados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) corresponden a Francisco Eduardo Díaz, Moisés Antonio Ferreyra, Luis Magin Herrera y Héctor Raúl Vázquez, todos ellos denunciados por sus familias como desaparecidos en la provincia de Tucumán.

Francisco Díaz tenía 36 años, estaba casado y fue secuestrado en Delfín Gallo el 13 de febrero de 1976, durante el Operativo Independencia. Mientras que, Moisés Ferreyra, de 19 años, era obrero azucarero, y lo secuestraron en San Pablo, el 26 de mayo de 1976. Luis Magín Herrera, secuestrado el 7 de abril de 1976 en Santa Ana, tenía 41 años y era carpintero. En cuanto a Héctor Raúl Vázquez Guzmán era secretario de la Legislatura y fue secuestrado el 29 de diciembre de 1976. Tenía 57 años y fue visto en la Jefatura de Policía de Tucumán por otros detenidos desaparecidos.

Las tareas arqueológicas son realizadas por el CAMIT (Colectivo de Arqueología para la Memoria y la Identidad Tucumana), recuperando hasta el momento piezas óseas correspondientes a más de un centenar de personas, de las cuales 48 ya han sido identificados mediante análisis genéticos.

Se solicita a los familiares biológicos de personas desaparecidas entre 1974 y 1983 que se comuniquen para coordinar la toma de muestras de sangre.
A tal fin, el Equipo Argentino de Antropología Forense, la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Tucumán y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación han coordinado las acciones para completar el Banco de Muestras de Sangre de Familiares.

La Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas continúa llevando adelante la recolección de muestras, que se realiza en todo el país de forma gratuita y confidencial.

Por favor, comuníquese a los siguientes teléfonos:
Secretaría de Derechos Humanos de la Nación
011 5167 6621 / 6616 en el horario de 9 a 18 hs.
Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Tucumán
0381 484 4000 (interno 337) en el horario de 8 a 13 y de 17.30 a 20.03 hs.
Equipo Argentino de Antropología Forense
011 4951 8547 ó 0381 15 5558397 en el horario de 10 a 17 hs.

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04/11/2015

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17/10/2015

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