07/04/2026
El mérito colectivo por sobre las apariencias individuales en el PESANKE
Conviene no confundir presencia con mérito. No todo el que está forma parte sustancial de un logro, ni todo logro pertenece a quien lo enuncia como propio. En este caso, más que una conquista individual, estamos ante un resultado construido colectivamente, donde existieron roles principales y otros claramente secundarios.
En toda obra persiste la tendencia a atribuir el resultado a quien se muestra en la superficie, aunque el verdadero peso recaiga en quienes sostienen el proceso desde lo esencial. Aquí no ha sido distinto: se trató de una construcción conjunta, donde algunos hicieron posible el resultado y otros, simplemente, acompañaron.
Seamos justos: esto fue, en esencia, un trabajo en equipo. Y como en todo proceso colectivo, hubo quienes ocuparon la primera línea de acción y quienes participaron de manera más periférica. Por ello, corresponde señalar que no se trata de un logro estrictamente individual, sino del esfuerzo y la dedicación de múltiples actores que desempeñaron un rol central en su concreción.
En ese marco, es imprescindible reconocer al Bloque de los diputados de la Unión Cívica Radical: Walter Molina, Gustavo González, y Germán Bordón, quienes impulsaron y firmaron el proyecto, así como también a los demás legisladores que trabajaron en comisiones y acompañaron su aprobación. Ese proceso legislativo dio lugar a la sanción de la Ley VI – Nº 205, que en su Artículo 1º instituye a Apóstoles como “Capital Provincial de la Semana Santa y el Pesanke”, norma que lleva la firma del entonces presidente de la Cámara, Carlos Eduardo Rovira, y del secretario legislativo, José Gabriel Manitto.
Asimismo, corresponde una mención especial al ejecutivo municipal, quien llevó adelante la concreción del Monumento al Pesanke, junto a todos aquellos que trabajaron en su realización, en su instalación definitiva y en cada una de las etapas que hicieron posible este proyecto.
En definitiva, este logro pertenece al conjunto de la ciudadanía de Apóstoles, que, dejando de lado banderías políticas y mezquindades ideológicas, supo renunciar a toda expresión de ego para trabajar en pos de un objetivo común. Es precisamente esa voluntad colectiva, articulada y comprometida, la que permitió alcanzar el resultado, como síntesis de un esfuerzo verdaderamente compartido.